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jueves, 15 de agosto de 2013
SEGUNDA JORNADA
***
Miro las fotos del segundo día y no puedo ya sino sentir nostalgia, hay noches que son especiales, que de alguna manera quedan marcadas en el recuerdo y pese al tiempo, sea breve o largo, llenan el alma de una saudade extraña. Algo semejante me ocurre con esta noche. Amparados bajo el halo y la mirada de un árbol histórico (Árbol de la noche victoriosa), los poetas se reunieron para dar paso a la segunda noche, al segundo día de este encuentro que año con año se llena de pluralidad poética, de voces que coinciden para mostrarnos el gran abanico literario que hoy en día se vive en México, pese al enorme martillo que grupos, poetas y aparatos institucionales pretenden ignorar premiando, justificando y reconociendo sólo las poéticas que les son cómodas a sus concepciones y concepto de arte.
***
La noche ya no era triste ni antigua, sino brillaba con el viento y el aire del día que muere y da entrada a una atmósfera fría y llena de licor. Los que estuvimos ahí reunidos no podemos ignorar que la poesía tiene diversas maneras de expresarse, diversos caminos que, aunque algunas veces, no nos parezcan poéticos, se dan y están ahí, moviendo concepciones e incomodando percepciones. Pruebe de ello el poeta Temok Saucedo, quien al puro estilo del pachuco Tin Tan tomó la palabra para recordarnos algún pasaje asombroso de aquella estrella de Calabacitas tiernas o el rey del barrio. Atractiva propuesta la del poeta Temok, sin duda parte de un fenómeno poético que cada día crece más en nuestras letras y que no debemos ignorar. El segundo entrar en palabra fue el viejo lobo de mar Juan Carlos Valdovinos, quien con sus poemas dedicados a sus princesas vampiras (Calamaro) demostró que el camino de un poeta nunca termina y que siempre ha de buscarse, pese a todo. Quienes lo conocemos sabemos que si hay alguien que ha dado todo por la escritura, a su manera, es él.
El tercero en saltar al ruedo de la noche fue el poeta Hugo Garduño, quien no desperdició la oportunidad para demostrarnos que se puede hacer poesía social, buena poesía social, pese a que en este país esté muy demeritada o, muchas veces, sea mal vista. El cuarto poeta en domar la noche fue Andrés Cisneros de la Cruz, quien encendió el tono de la noche y llevó la poesía a otros rumbos. Con un oficio –da la impresión– más depurado, este poeta parce no tener tópicos ni temas específicos, lo mismo escribe un poema sobre el Papa, un poema social o metafísico, que un poema a la hija o a su amada. Sin duda, una de las poéticas que conforme pase el tiempo atraerá la atención y el ojo crítico. Por último el cierre de la noche fue para el maestro Saúl Ibargoyen, quien cual mago de la palabra sacaba poemas de una chistera según la tendencia de la mesa: si los poetas versaban sobre el vino, Ibargoyen bebía el vino; si los poetas versaban sobre perros, Ibargoyen sacaba el perro de la tristeza; si los poetas versaban sobre el oficio, Ibargoyen hacía el oficio del cantor.
A él debemos el último poema de la noche, el bellísimo poema de la noche, diría yo. No fue gratuito el prolongado aplauso que obtuvo su lectura, quienes estuvimos ahí en verdad que lo gozamos. Buenas noches a ellos, los poetas, en su infinita verdad, buenas noches al árbol que nunca debió ser, buenas noches al grito y a la magia del verso caliente y que congela, buenas noches a todos, hombres y mujeres que hacen posible esto:
8
"El desierto es el gran vacío
que estuvo en el principio sin comienzo
de todos los fuegos:
es la gran vaciedad
donde nace la arena:
aire de ceniza contra aire de sol
rocas de fierro contra roca fugaz
viento de polvo contra viento de luz
granito enrojeciendo basalto encendido
albanene deshecho mármoles pintados
alabastro vulnerable yeso disuelto
cuarzo ahumado roquedales de cristal
amatista enmoheciéndose
y granos de sangre desprendida
derrumbada disuelta
y estiércoles de chacales huyentes
y cartílagos de sandalias marchitas
y redes sin peces ni espuma
y picos de garzas o grullas desdentándose
y ojos de cocodrilo con su coágulo terrestre
y médulas de infante fermentando
entre lirios debajo del lodo inundado.
Las nadas del desierto fecundan
la confusa sequedad flotante:
sus colmillos quemados se muerden
se hinchan se deshacen.
Y las finísimas semillas de piedra
se mueven entre los labios
de quien nunca será el nombrador
de las puertas del templo
ni el dibujante de mensajes muertos
ni el señor posible
de alguna o ninguna palabra."
Y tú que oyes solamente
las ligerezas del paladar
la liviandad del verbo:
escúchame sí ya que siempre hablarán
otras gargantas antes o después
de tu más mudo silencio.
Pero nada diré
delante de orejas
que no te pertenezcan:
no soy el dueño
de los felices vocablos o términos
que nombran el color indoloro del mundo:
no estaré jamás
en medio de los elegidos:
sólo me nombrarán
cuando mi única voz se levante
entre ajenas salivas
como un simple árbol
cuando yo me nombre propiamente
según mi deseo
y mi desprecio.
En el desierto vacío
nacen también pedazos partículas
fragmentos fulgores de palabras
que hemos hablado que no conocemos
que nos dan nuestro nombre
y nuestra sombra.
Y ellas me siguen
escarban entre sonidos enterrados
olfatean su rastro
de tinta insaciable.
9
"El cielo se alimenta en este día
de las calientes luces engendradas
por el sol.
Y hay otro sol
que es el mismo viajando
más allá de las aguas visibles
de la ennegrecida tierra:
un solo astro como fuego negro
soltándose del vientre
de la noche que se inclina
con su repetido temblor
sobre las órbitas de todos los mundos.
Pero el cielo desconoce las palabras
y nosotros aquí queremos su boca
de lodo translúcido
para que pueda hablar
desde los otros hombres
para que nos guíe
en tiempos de nubes corrompidas
de langostas con sus alas de fierro
de un destino de pegajosas plumas
y de inevitable oscuridad.
El dios del aire
nunca ha tenido columnas
ni inscripciones ni templos.
En él hay otros fuegos
y las mieles recién cosechadas
se amustian se enarenan
y hay grietas en los frutos
y los cerrados jardines desfallecen
y el verbo del dios borra
la entera palabra del hombre
y el verbo incompleto del hombre borra
las palabras del dios y de los hombres.
Y en el aire transitan
los ruidos del Nilo celeste
pequeños ruidos como alguien gritando
lejanamente desde una barca blanca.
Los patos cantantes
las claras palomas
los adensados cuervos
los pájaros totales
son también voces
en el curso espumoso del sol
que en cada punto de su nueva luz
nace con más fuerza
y se nutre de sí mismo
y de las sordas emanaciones del yacente mundo."
¿Debo ahora negar toda escritura?
¿Debo gritar que no soy ni seré
el señor de ningún verbo
ni el dueño de paletas y pinceles y pinturas
ni el maestro de las ordenadas oraciones
ni el propietario del martillo y el cincel?
Mi alimento es el pan de cebada
cocinado en las manos del sol
mi bebida es jugo y burbuja
de los granos rojos
mis ungüentos y aceites
salen de este cuerpo terrestre
el olor de mis lomos o de mis ingles
o de mi pelo es el olor
del Nilo sin morir que navega
en el clima poderoso de sus días.
No hay tintas ni colores sagrados
en esta mano duplicada:
solamente la marca de un anzuelo
una canasta un remo una olla
una espada un azadón una flecha
una vasija una cuerda un fusil.
más adentro de la piel
que los perros conocen
está el peso de otra piel
con sus suaves raíces
largamente acumuladas.
esa cálida tela envuelve mis huesos
para que no giman ni griten
para que puedan renacer
en su propio silencio."
De: Canción del escriba de pie
SAÚL IBARGOYEN
miércoles, 19 de agosto de 2009
Andrés Cisneros de la Cruz nace en la Ciudad de México en el año de 1979. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana. Obtuvo el 2do. lugar en el Certamen Internacional Relámpago de Poesía Bernardo Ruiz en el año 2008. Cuenta con mención honorífica en el Concurso Nacional de Poesía El Laberinto en el 2004, y en el Concurso Nacional de Poesía Jaime Sabines en 1999. Es incluido en las antologías 24 años, 24 poetas, del Chopo, así como en el Encuentro de Escritores del Oriente del Valle de México, Descifrar el laberinto en el 2005, La Mujer Rota en el 2008, Del silencio hacia la luz, en la antología del II Recital Chilango Andaluz en el 2008 y en el Anuario de Poesía de Fondo de Cultura Económica en el 2007. Sus Obras publicadas son Vitrina de últimas cenas (2007) y No hay letras para escribir tu epitafio (2009). Actualmente es editor de la revista de poesía Versodestierro y consejero editorial de Metáfora, hoja de poesía.

Andrés Cisneros de la Cruz, primer invitado al ciclo Charlas con la poesía.

Andrés Cisneros de la Cruz, primer invitado al ciclo Charlas con la poesía.
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Andrés Cisneros de la Cruz,
Biografía
LA PALABRA COMO EL INICIO DE LA EXISTENCIA
Una mirada a la poesía de Andrés Cisneros de la Cruz
Se inauguró el ciclo Charlas con la Poesía, y el primer invitado fue el poeta Andrés Cisneros de la Cruz, quien nos habló de su labor en este oficio y de su trabajo como editor. Nos compartió gran parte de su obra poética, principalmente de su segundo poemario No hay letras para escribir tu epitafio. Desde el primer momento, llama poderosamente la atención el por qué del título; las primeras preguntas que me vienen a la mente son ¿por qué no hay letras? ¿ya no bastan? ¿ya no nombran? Es difícil responder a estas preguntas, en primeras instancias porque el tema es ambiguo, sin embargo, creo que será interesante ver qué respuestas surgen al leer este poemario.
Habrá que hablar entonces del papel que toma la poesía en el poemario, ¿cuál es el poder de esta palabra? ¿Acaso será el poder del que condena? El libro comienza con un epígrafe de Shakespeare: El odio es tomarse un frasquito de veneno y esperar que el otro muera…, ante esto, Cisneros de la Cruz pone en la siguiente página de su libro: Deposito aquí este veneno. El veneno, claro está, es la poesía. De ahí venía mi pregunta acerca de si el poder de la palabra en este poemario es a primeras instancias del que condena. En el poemario no hay nada más que muerte, y entre estas muertes a veces también se encuentra la de la poesía, la belleza, el arte, que son destruidos por el hombre (más tarde ahondaré en esta idea).
¿La anterior alusión a una condena nos quitaría entonces toda esperanza? Yo creo que no. No se debe negar que al ver cómo es tratada la condición humana en el libro uno se desalentaría, pero el pensamiento no se debe parar ahí, que es algo que mencionaba en la charla Cisneros de la Cruz, sino que debe seguir y reflexionar hasta sus últimas consecuencias. Y aunque en el poemario la realidad diaria es tratada con dureza, tal vez es porque uno no debe construir castillos sobre las nubes y de ahí partir para la reflexión, sino al contrario: a partir de la realidad misma se debe pensar qué es lo que está pasando y como intentar escapar un poco a esa condición humana (por más ilógico que parezca), a ese vacío y al poder: al falo que todos llevamos dentro.
Otro poder de la palabra es el de la invocación, la cual se presenta en modo de plegaria y denota un acto ritual, como en el caso de Ofrendas para un espectro, donde dicho ofrecimiento es a través de la sangre y se hace presente a través de una plegaria:
“Hazme noche, madre
asfixia en la boca hazme orgasmo
coágulo que cae entre las piernas
para entintar la primera ofrenda.”
Sin embargo, este poder se pierde en el momento de lo incorpóreo, en el momento en que se deambula entre los signos, en el momento que se hace el silencio, que es sinónimo de eternidad. Tendríamos entonces una división casi contradictoria: la palabra y el silencio, y digo casi porque demuestra que a veces el lenguaje, que los vivos utilizamos para nuestras plegarias, para nuestras poesías, para comunicarnos con los demás humanos (vivos) y aparentemente con un Dios, ya no es suficiente en aquel mundo de los muertos, donde ya se ha pasado a otro plano: “Del pájaro cae el cuerpo en las manos, vuela / a otro espacio”. Es decir, es un mundo lleno de signos, de silencio, donde “el horizonte siempre lejano/ es pensamiento nunca boca”.
Pasemos ahora a la visón que se da en el poemario de la condición humana. El primer poema, Poema de la oscura parábola, tiene un epígrafe acertado para lo que se quiere decir de esta condición: “-¿Qué somos? / -Microorganismos que devoran microorganismos”. Generalmente, cuando damos un vistazo a la cadena alimenticia lo que notamos es que los animales grandes se comen a los pequeños. El hombre ni siquiera es de los seres más grandes pero, dotado de inteligencia, se ha ayudado de otros elementos para romper esta cadena y erigirse como el rey de la selva. Así pues, el hombre ha llegado a dominar el mundo animal; lo que siguió a eso fue el dominio del hombre por el hombre y este reto al parecer no es algo que el hombre decida, sino que está condicionado para ello:
“[…]y sus ancestros
simios que destrozaron sin inocencia
el cráneo de los niños peludos: sus hijos
-que de haber permanecido vivos
hubieran organizado un banquete con el tuétano de sus huesos.”
De tal modo, que si el hombre se destruye a sí mismo desde sus inicios, no es raro pensar que peor suerte tiene el arte (la poesía): “Y aunque sea una semilla de flor, la pisa y le prende fuego/ hace que desaparezca/ Y se esfume […]”.
Ahora bien, hablando un poco más de la destrucción del hombre por el hombre, no debemos olvidar que el motivo principal es el poder (no sólo poder político o monetario, sino poder, poder de todo). Entonces el poder será un eje temático a lo largo del poemario: el hombre que está atado, que ha perdido su individualidad, que no tiene rostro, porque ha sido absorbido por un poder mayor, por el sistema. “El falo que todos llevamos dentro” es una clara expresión de estos pensamientos.
Todo el libro pareciera hundir sus bases en el pensamiento existencialista, incluso algunos epígrafes son de filósofos pertenecientes a esta corriente. Bien, el poema principal, que da título al libro, tiene como objeto principal una imposibilidad: la de encontrar letras para nombrar. En todo el poemario, debemos darnos cuenta que el estar no es sinónimo de existir, pues los hombres permanecen en el silencio, donde se detiene el tiempo, donde todo está inmóvil y donde se está muerto. Aquí podría parecer la total desesperanza. Y vuelvo al punto donde contraponía la palabra con el silencio. Justo cuando todo se calla, cuando sólo se encuentra la nada, regresa el poder invocador de la palabra: creando cosas, haciéndolas existir: “Ninguna cosa es cuando falta la palabra”, dice Heidegger. Y en esta idea parecen coincidir todas las culturas: la palabra como el inicio de la existencia. El hecho de que no haya letras para escribir el epitafio, el hecho de esa imposibilidad, tal vez sea esta negación a la existencia: si cuando se nombra se es, entonces el hecho de no nombrarlo es convertirlo en nada.
“Habré olvidado qué es dios
Para en su lugar haber aprendido a decir
qué es mito [… ]”
Mariana Brito

Andrés Cisneros en la lectura de su poesía.
Una mirada a la poesía de Andrés Cisneros de la Cruz
Se inauguró el ciclo Charlas con la Poesía, y el primer invitado fue el poeta Andrés Cisneros de la Cruz, quien nos habló de su labor en este oficio y de su trabajo como editor. Nos compartió gran parte de su obra poética, principalmente de su segundo poemario No hay letras para escribir tu epitafio. Desde el primer momento, llama poderosamente la atención el por qué del título; las primeras preguntas que me vienen a la mente son ¿por qué no hay letras? ¿ya no bastan? ¿ya no nombran? Es difícil responder a estas preguntas, en primeras instancias porque el tema es ambiguo, sin embargo, creo que será interesante ver qué respuestas surgen al leer este poemario.
Habrá que hablar entonces del papel que toma la poesía en el poemario, ¿cuál es el poder de esta palabra? ¿Acaso será el poder del que condena? El libro comienza con un epígrafe de Shakespeare: El odio es tomarse un frasquito de veneno y esperar que el otro muera…, ante esto, Cisneros de la Cruz pone en la siguiente página de su libro: Deposito aquí este veneno. El veneno, claro está, es la poesía. De ahí venía mi pregunta acerca de si el poder de la palabra en este poemario es a primeras instancias del que condena. En el poemario no hay nada más que muerte, y entre estas muertes a veces también se encuentra la de la poesía, la belleza, el arte, que son destruidos por el hombre (más tarde ahondaré en esta idea).
¿La anterior alusión a una condena nos quitaría entonces toda esperanza? Yo creo que no. No se debe negar que al ver cómo es tratada la condición humana en el libro uno se desalentaría, pero el pensamiento no se debe parar ahí, que es algo que mencionaba en la charla Cisneros de la Cruz, sino que debe seguir y reflexionar hasta sus últimas consecuencias. Y aunque en el poemario la realidad diaria es tratada con dureza, tal vez es porque uno no debe construir castillos sobre las nubes y de ahí partir para la reflexión, sino al contrario: a partir de la realidad misma se debe pensar qué es lo que está pasando y como intentar escapar un poco a esa condición humana (por más ilógico que parezca), a ese vacío y al poder: al falo que todos llevamos dentro.
Otro poder de la palabra es el de la invocación, la cual se presenta en modo de plegaria y denota un acto ritual, como en el caso de Ofrendas para un espectro, donde dicho ofrecimiento es a través de la sangre y se hace presente a través de una plegaria:
“Hazme noche, madre
asfixia en la boca hazme orgasmo
coágulo que cae entre las piernas
para entintar la primera ofrenda.”
Sin embargo, este poder se pierde en el momento de lo incorpóreo, en el momento en que se deambula entre los signos, en el momento que se hace el silencio, que es sinónimo de eternidad. Tendríamos entonces una división casi contradictoria: la palabra y el silencio, y digo casi porque demuestra que a veces el lenguaje, que los vivos utilizamos para nuestras plegarias, para nuestras poesías, para comunicarnos con los demás humanos (vivos) y aparentemente con un Dios, ya no es suficiente en aquel mundo de los muertos, donde ya se ha pasado a otro plano: “Del pájaro cae el cuerpo en las manos, vuela / a otro espacio”. Es decir, es un mundo lleno de signos, de silencio, donde “el horizonte siempre lejano/ es pensamiento nunca boca”.
Pasemos ahora a la visón que se da en el poemario de la condición humana. El primer poema, Poema de la oscura parábola, tiene un epígrafe acertado para lo que se quiere decir de esta condición: “-¿Qué somos? / -Microorganismos que devoran microorganismos”. Generalmente, cuando damos un vistazo a la cadena alimenticia lo que notamos es que los animales grandes se comen a los pequeños. El hombre ni siquiera es de los seres más grandes pero, dotado de inteligencia, se ha ayudado de otros elementos para romper esta cadena y erigirse como el rey de la selva. Así pues, el hombre ha llegado a dominar el mundo animal; lo que siguió a eso fue el dominio del hombre por el hombre y este reto al parecer no es algo que el hombre decida, sino que está condicionado para ello:
“[…]y sus ancestros
simios que destrozaron sin inocencia
el cráneo de los niños peludos: sus hijos
-que de haber permanecido vivos
hubieran organizado un banquete con el tuétano de sus huesos.”
De tal modo, que si el hombre se destruye a sí mismo desde sus inicios, no es raro pensar que peor suerte tiene el arte (la poesía): “Y aunque sea una semilla de flor, la pisa y le prende fuego/ hace que desaparezca/ Y se esfume […]”.
Ahora bien, hablando un poco más de la destrucción del hombre por el hombre, no debemos olvidar que el motivo principal es el poder (no sólo poder político o monetario, sino poder, poder de todo). Entonces el poder será un eje temático a lo largo del poemario: el hombre que está atado, que ha perdido su individualidad, que no tiene rostro, porque ha sido absorbido por un poder mayor, por el sistema. “El falo que todos llevamos dentro” es una clara expresión de estos pensamientos.
Todo el libro pareciera hundir sus bases en el pensamiento existencialista, incluso algunos epígrafes son de filósofos pertenecientes a esta corriente. Bien, el poema principal, que da título al libro, tiene como objeto principal una imposibilidad: la de encontrar letras para nombrar. En todo el poemario, debemos darnos cuenta que el estar no es sinónimo de existir, pues los hombres permanecen en el silencio, donde se detiene el tiempo, donde todo está inmóvil y donde se está muerto. Aquí podría parecer la total desesperanza. Y vuelvo al punto donde contraponía la palabra con el silencio. Justo cuando todo se calla, cuando sólo se encuentra la nada, regresa el poder invocador de la palabra: creando cosas, haciéndolas existir: “Ninguna cosa es cuando falta la palabra”, dice Heidegger. Y en esta idea parecen coincidir todas las culturas: la palabra como el inicio de la existencia. El hecho de que no haya letras para escribir el epitafio, el hecho de esa imposibilidad, tal vez sea esta negación a la existencia: si cuando se nombra se es, entonces el hecho de no nombrarlo es convertirlo en nada.
“Habré olvidado qué es dios
Para en su lugar haber aprendido a decir
qué es mito [… ]”
Mariana Brito

Andrés Cisneros en la lectura de su poesía.
Etiquetas:
Andrés Cisneros de la Cruz,
ensayos
CRÓNICA
8/ 7/ 09
POR YUQUIABE ROMERO
Este día el poeta Andrés Cisneros de la Cruz llegó a la inauguración del ciclo Charlas con la Poesía, llevada a cabo en la casa de cultura IMPI- Picos de la Delegación Iztacalco; evento organizado por el también poeta Gustavo Alatorre.
Con el día nublado y con la tarde asomada apenas tras la ventana, el vate comentó que su poemario No hay letras para escribir tu epitafio, gira en torno a una reflexión sobre la renuncia al "padre", como una forma simbólica de erradicar el poder que esta figura representa. Expresó, además, que la poesía es una forma de morir, de crear una metamorfosis para concebirnos a nosotros mismos.
En medio de una plática amena, confabulada con el vino tinto que poco le duró a Cisneros y a Alatorre, se dejó claro que este poemario representa una queja “de la sociedad, para la sociedad”; teniendo como punto clave el poder, que se ve reflejado en la religión, el patriarcado, el gobierno etc.
Después de la lectura de varios poemas- algunos que forman parte del libro y otros más inéditos hasta hoy en día- Andrés Cisneros de la Cruz explicó sus razones del por qué tenemos esta sociedad, partiendo desde su propia experiencia, tomando como punto de apoyo la violenta palabra y el lúdico verso lleno de sarcasmo que le caracteriza:
“La poesía es veneno /y antídoto para el hombre. Pero ellos permanecen en pie porque son simples bustos de un tiempo muerto”
Con la botella a punto del trago final, y después de una serie de reflexiones, que de manera realista, “permite expresar el asco” que el autor tiene hacia el poder en general, pero dándose a notar aún más en cuanto se acerca al tema de instituciones religiosas, el
poeta hizo una llamada de auxilio para que la sociedad pueda y sea capaz de abrir los ojos y afrontar los problemas:
“ El poder, refiriéndose al manejo de masas en la religión, es hipócrita por que pretender hacerte creer que están salvando tu vida y apoyando a los ideales de Jesús, mientras que por la espalda de los fieles, se hacen ricos, con discos, videos, haciendo notar su propia contradicción, prefiriendo el engaño y el abandono de ti”
Tras de un lectura última y el vino agotado, Gustavo Alatorre (anfitrión de estas charlas) y Andrés Cisneros de la Cruz, pusieron punto final a esta primera sesión del ciclo Charlas con la poesía, no sin antes invitar desde luego, a todo el personal a seguir la juerga con esta caprichosa dama- La Poesía- que siempre ha sido, y será, el magnífico pretexto para alargar la noche y perseguir la madrugada en alguna hora de espanto o bellísima lucidez.
“Sepulto en tierra de lobos
Sé del fin de los nunca y que nunca habrá final
Por que allá, lejos de toda la vida, me espera el silencio.”

Andrés Cisneros de la Cruz
8/ 7/ 09
POR YUQUIABE ROMERO
Este día el poeta Andrés Cisneros de la Cruz llegó a la inauguración del ciclo Charlas con la Poesía, llevada a cabo en la casa de cultura IMPI- Picos de la Delegación Iztacalco; evento organizado por el también poeta Gustavo Alatorre.
Con el día nublado y con la tarde asomada apenas tras la ventana, el vate comentó que su poemario No hay letras para escribir tu epitafio, gira en torno a una reflexión sobre la renuncia al "padre", como una forma simbólica de erradicar el poder que esta figura representa. Expresó, además, que la poesía es una forma de morir, de crear una metamorfosis para concebirnos a nosotros mismos.
En medio de una plática amena, confabulada con el vino tinto que poco le duró a Cisneros y a Alatorre, se dejó claro que este poemario representa una queja “de la sociedad, para la sociedad”; teniendo como punto clave el poder, que se ve reflejado en la religión, el patriarcado, el gobierno etc.
Después de la lectura de varios poemas- algunos que forman parte del libro y otros más inéditos hasta hoy en día- Andrés Cisneros de la Cruz explicó sus razones del por qué tenemos esta sociedad, partiendo desde su propia experiencia, tomando como punto de apoyo la violenta palabra y el lúdico verso lleno de sarcasmo que le caracteriza:
“La poesía es veneno /y antídoto para el hombre. Pero ellos permanecen en pie porque son simples bustos de un tiempo muerto”
Con la botella a punto del trago final, y después de una serie de reflexiones, que de manera realista, “permite expresar el asco” que el autor tiene hacia el poder en general, pero dándose a notar aún más en cuanto se acerca al tema de instituciones religiosas, el
poeta hizo una llamada de auxilio para que la sociedad pueda y sea capaz de abrir los ojos y afrontar los problemas:
“ El poder, refiriéndose al manejo de masas en la religión, es hipócrita por que pretender hacerte creer que están salvando tu vida y apoyando a los ideales de Jesús, mientras que por la espalda de los fieles, se hacen ricos, con discos, videos, haciendo notar su propia contradicción, prefiriendo el engaño y el abandono de ti”
Tras de un lectura última y el vino agotado, Gustavo Alatorre (anfitrión de estas charlas) y Andrés Cisneros de la Cruz, pusieron punto final a esta primera sesión del ciclo Charlas con la poesía, no sin antes invitar desde luego, a todo el personal a seguir la juerga con esta caprichosa dama- La Poesía- que siempre ha sido, y será, el magnífico pretexto para alargar la noche y perseguir la madrugada en alguna hora de espanto o bellísima lucidez.
“Sepulto en tierra de lobos
Sé del fin de los nunca y que nunca habrá final
Por que allá, lejos de toda la vida, me espera el silencio.”

Andrés Cisneros de la Cruz
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