miércoles, 14 de octubre de 2009



Arturo Terán y Mendoza (Ciudad de México, 1968). Transcurrió su infancia en un bucólico pueblo del Estado de México (Lugar de tortugas, según el toponímico).
Ingeniero civil por la UNAM, transitó de los andamios y el restirador a la construcción de artilugios de palabras donde habita la memoria.
Antes editó Pero me bastan los dedos, libro-objeto escrito a mano e ilustrado por él mismo en 2001. En el 2005 aparece San Pancho Bar (Ediciones Cuiria/Fridaura) y en la misma editorial, en 2007, aparece El Destino del Salmón.
Figura en las antologías de poesía Hasta agotar la existencia II (Editorial Resistencia, 2003) y 23 años, 23 poetas (Tianguis Cultural del Chopo/Conaculta,2003).
En cuento aparece en Los mil y un insomnios. Festival del Cuento Brevísimo (Centro Toluqueño de Escritores/Instituto Mexiquense de Cultura, 2006).
Ha sido publicado en diversas revistas literarias y suplementos culturales de periódicos de circulación nacional y local.
Como artista gráfico ha participado en varias exposiciones, tanto individuales como colectivas. Viajante inmóvil de la literatura, espera el advenimiento de la locura en los otros para sentirse menos solo.
EBRIEDAD Y POESÍA
(ACERCAMIENTOS AL LIBRO SAN PANCHO BAR DE ARTURO TERÁN Y MENDOZA)
I


La primera vez que conocí al poeta Terán, fue una tarde en el Centro Histórico en la hoy desaparecida cantina “El Nivel”. Aquel primer acercamiento hubiera bastado para forjar pronto una amistad, pero los bastantes tragos que yo llevaba encima y su prisa por retirarse pospusieron nuestra charla.
Meses después, volvimos a coincidir en un recital, y nuestro acercamiento se dio gracias a las buenas bondades de la cebada y a la juerga que ese día tuvo a bien proponer el maestro Max Rojas por los rumbos de Iztapalapa. A ese día, le prosiguieron reuniones que, por azar o pretexto, nos juntaron en cantinas, vecindades del centro, foros de lectura, y mañanas que recuerdo con mucho aprecio en la editorial Friadaura, donde bebíamos plácidamente en compañía del editor Juan Carlos Valdovinos y uno que otro poeta o narrador que se presentaba a acompañar los tragos matutinos.

Días de mucho sol, eso sí recuerdo.

II

Si uno conoce al poeta Terán, pronto se da cuenta de que, por sus palabras, corre esa sabiduría sutil, casi imperceptible, que tiene a bien a soltarla sin hacer alarde de ella, como quien habla de algo común: el clima, alguna noticia…sin embargo, cuando menos se da cuenta uno, aquellas palabras resultan llevar en sus adentros una valía insospechada, en el momento menos inesperado.
Para quien no lo conoce, al menos en persona, su poesía es elocuente con su creador; versos más inmediatos que rebuscados, certeros con el mansaje y directos, con un ritmo regido por la vivencia y la urgencia de comunicar el instante en que el poeta es iluminado por la belleza de una mujer, o lo sórdido de alguna cantina:

(El COLONIAL)
LUGAR COMÚN

De mujeres triste
Con la luz del espejismo iluminándoles
La probable sonrisa de la dicha
Umbrías soledades entre botanas frías
Hurtándole los gestos al tedio
Rascándose la garganta por dentro

/miras para acá pero no sonríes/

Al contoneo de sus zapatos
Los gestos recuerdan historias contradictorias
Anécdotas contadas por otros para ti
Risas estridentes
Tintineo de vasos
Estos son los sonidos menos falsos de la tarde
Aquí es un lugar de desencuentros
Donde las sombras proponen
Citas a las que nunca llegará la desdicha
Dejando intocado el cuerpo.


(del libro San Pancho Bar)

“Estos son los sonidos menos falsos de la tarde”…aquí el poeta parece reivindicar todo el mundo bohemio, todo ese mundo al que es arrojado el poeta y en el cual se ve inmerso en compañía de la mesera aburrida, el tintineo de los vasos, los pocos asistentes en esas horas muertas- ¡ni siquiera las álgidas de la vida nocturna!- y la terrible soledad del que espera todo y nada sucede.
Es en estos lugares donde se da cita el poeta, donde la servilleta y la pluma registran con la mayor precisión posible lo que se piensa, lo que pasa por nuestros ojos y deseos. Es así como Terán nos regala un poco de sus visiones en algunos poemas escritos en servilletas de bares y cantinas:


“Es evidente que el silencio
Desvanece el ansia de volar
El vuelo en cierto aire
Es sólo la ilusión
De un ave rapaz.”


O este otro poema:

“El poema aplazado
Por la urgente necesidad de
Caminar
Salir huyendo sin pagar la
Cuenta”


(del libro San Pancho Bar)

III

A lo largo de sus libros, el poeta va construyendo su lenguaje, su voz; que no es otra sino la voz del testigo, del que vislumbra más allá de la niebla cotidiana lo que en verdad es, lo que existe y desasosiega el alma. Va cifrando, además, con epígrafes o poemas citados su genealogía poética, sus maestros; encontramos entonces nombres como el de José Emilio Pacheco, Manuel Maples Arce, Max Rojas, Abigael Bohórquez, Vladimir Holand, José Francisco Zapata, entre otros. Lo mismo hay una alusión a un poeta, o un salmo de la Biblia cristiana, como a una canción escrita por Tito Curet Alonso en voz de Héctor Lavóe; es así como se funde en la poesía de Arturo Terán la tradición de la lírica vernácula con el oficio del vate:

“…Me buscas en la Libertad
La cantina de enfrente
Y me entregas los cristales astillados
Que aprietas en la mano
Con el peso exacto de frío
A pesar de tu boca llena de carmín
Adivino la contundencia de tus dientes
La urgencia que tienes por la penumbra
Mientras te rascas una pierna
Es el síntoma en la comisura de tus labios.

En ese momento la música inicia en otro lugar:
Música de caderas y vendaval
Especial para auténticos perdedores
Que sólo atinan a vivir el instante
Cuando saben que su fin se acerca…”


( fragmento del poema San Pancho Bar, del libro del mismo título)



IV

Queden pues aquí, estas palabras como homenaje a la tarde maravillosa que nos brindó el poeta el 19 de agosto pasado, cuando compartió con nosotros en estas Charlas con la Poesía, un poco de su vivencia en este oficio peligrosamente hermoso de la poesía. No hará falta decir que después de la plática, la juerga se prolongó a una escondida y tranquila cantina, donde la noche detuvo un poco el tiempo y nos dejó beber alegres, pensativos, impactados por la locura y la belleza de este siglo.
He aquí, a manera de epílogo, un fragmento escrito por el maestro Max Rojas a propósito de la poesía de Terán:



“Señor de antros, el autor a vivido intensamente en éste y otros territorios donde una luz oscura resplandece. Memoria y experiencia se dan mano y quien conozca esta moradas, en donde el diablo realiza sus bondades, leyéndolo podrá revivirlas; los que no, acaso quedarán tentados de hacerle una visita para salir de ahí- como el poeta- con cierto olor de azufre y chamusquilla de la buena.
Por lo pronto, ¡salud!, y que nos sirvan las siguientes.”


( fragmento de la cuarta de forros del libro San Pancho Bar)

GUSTAVO ALATORRE

jueves, 8 de octubre de 2009

Convocatoria
La Delegación Iztacalco, a través de la Subdirección de Cultura convoca a todos los poetas y narradores que vivan, trabajen o estudien dentro de la Delegación, a que participen en el Festival Literario: 4° ENCUENTRO DE POETAS Y NARRADORES EN IZTACALCO “MAX ROJAS”, que se llevará a cabo los días 30 de octubre, 6 y 13 de noviembre dentro de las instalaciones y casas de cultura de la instancia convocante.

BASES:
1 Podrán participar todos los poetas y narradores que vivan, estudien o trabajen dentro de los perímetros de la delegación.
2 Los participantes deberán enviar una muestra de su trabajo (tres o cuatro poemas, en el caso de los poetas; y un cuento o relato en el caso de los narradores). Además de sus datos personales: nombre, dirección, tel. y breve ficha curricular. Todo esto a la siguiente dirección electrónica: polemios23@yahoo.com.mx, indicando el propósito.
3 Los participantes interesados se comprometerán a asistir el día que les sea asignado. No habrá cambios de fechas.
4 Todos los participantes serán avisados oportunamente y se les proporcionará la fecha, la hora y el lugar donde leerán su trabajo.
5 A todos los participantes se les entregará un reconocimiento oficial.
6 La convocatoria quedará abierta desde su publicación hasta el día 17 de octubre de 2009.
7 Cualquier circunstancia no prevista, será resuelta por el comité organizador.


MÉXICO D.F. A 8 DE OCTUBRE DE 2009

viernes, 2 de octubre de 2009


Primero es el relámpago, de eso no hay duda, como diría Rojas, el de Lebú. Y aunque en mi caso particular fue una mañana después de haber vagado en el remolino del mundo - y del alcohol-, aquella luz llegó junto con el primer día del siglo y no se ha ido.
Desde entonces la poesía se ha convertido en una brújula, que a veces me pierde con el Sur, pero que en la mayor parte del tiempo ha sido la partitura idónea para descifrar la música del tiempo; tal vez como sonata funesta o bellísima tormenta, pero inquieta siempre.
Encadenado al cielo, quizá… pero más del aire y del cuerpo del aire, de ese desnudo mármol que se asemeja tanto a un ángel y que resulta siempre la mujer, alumbrándose entre las calles libertinas o en los papiros del viento, convidando su música, su tablatura celeste.
Charlas con la Poesía surge por el gusto de compartir la quimera, por convidar la experiencia de viajar dulcemente solos por los años, y de encontrar en frente un paso, que nos alienta, y de tras nuestro uno más que nos perfuma la vista en esta rueda de locos, de humanos…o peligrosos románticos.
GUSTAVO ALATORRE

Raciel Quirino (1985, Distrito Federal).

Estudiante de 5º semestre de la carrera Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). He asistido a talleres con Sandro Cohen, Ricardo Yáñez y Mario Bojórquez. He publicado en la revista La cabeza del moro del Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde”, en la revista Casa del tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y en la revista Opción del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Mi primer libro, Western, está proceso de publicación.

WESTERN


I

El día miércoles 5 de agosto contamos con la presencia del poeta Raciel Quirino, quien fue el tercer invitado al ciclo Charlas con la poesía. Días antes de la plática, había recibido por correo su libro de poemas y, salvo esto, y algunos comentarios por parte del poeta Becerra, poco sabía de él en cuanto al oficio se refiere.
La sorpresa fue agradable, su libro acompañó mis horas “muertas” en la tediosa tarea laboral que, de no ser por los instantes de la valiosa literatura, ya hubiera mandado al carajo. Me encontré de pronto frente a un libro que además de salirse de las temáticas habituales que suelen tocar los poetas en sus primeras obras, contaba ya con poemas sólidos e interesantes.

II

El poemario parece empezar con un crimen, dos sujetos liándose en la muerte; quizá como una alegoría general de la vida misma y todo lo que esto implica: el asesino y su contraparte necesaria, el que muere, no harán más que ejemplificar toda relación humana que tenga como sustancias medulares la pasión y el instinto de supervivencia.
La eterna guerra- y sus momentos de ausencia: la paz-, en la que habrá de existir y amar el hombre; en la que, como bien lo planteó Dostoievski, se mostrará sin máscara la verdadera esencia del ser, su verdadero rostro.
El libro así - el lector, el poeta- inicia el camino de huida, justo en las primeras horas del alba, donde todo crimen parece ser auspiciado por la ebriedad del ángel o el descuido de Dios, pero: ¿Quién huye de la escena, quién carga consigo la herida, el crimen, el recuerdo…? ¿el asesino o la víctima?

A LOMO

Este es tu muslo.
Este es tu pan de cada noche y tus caderas.
Aquí tu pie, tus ojos.

Si junto todo esto,
no es más que un aleteo pequeño.

Tanto me pesas y te llevo
aupada, sin embargo.
(Del apartado: Madrugada y Fuga)

III

De pronto, el crimen es el recuerdo del ser amado, todo recuerdo en esta instancia estará provisto del flagelo y el veneno. En el terreno del amor poco importa quién ha vencido, los amantes se vuelven- sin darse cuenta, quizá- los asesinos o las víctimas, pero no complementos.
La guerra entonces, es el acto amoroso, y en Western, el recuerdo que persigue al asesino y que lo alumbra en el camino de la fuga, como una música constantemente repetida en la cabeza.

NO FUE A MANSALVA

Ni desnudez de flor, ni labios rojos,
era un diluvio aquello en tus caderas,
un coletazo de hambre, borracheras
de muslos y saliva. Y yo de hinojos

fuera de mí, trabado en tus arrojos,
dejándome caer en tus fronteras,
sintiendo labios, hondas tembladeras,
precipitada sal entre sonrojos.

Ni primaveras blancas ni listones,
era un quejido en alto, un sol que clama
bajo vaivenes, acabar rendido,

como un alzarse herido por arpones,
un culebreo de luz que se encarama
sobre un cuerpo que triunfa desvalido.


(Del apartado: Madrugada y Fuga)


Como todo fin, es el incendio lo que consume todo, es el recuerdo en la hoguera, la quemazón en el alma lo que le queda al artista de todos los instantes vividos en el acto amoroso; es la memoria en llamas lo que le sirve al poeta.

ABLUCIÓN
Mi fe es mirarte un día
en medio de una hoguera enorme.

Piedra a piedra prenderle fuego a todo:

veranos, cuchillos, cabalgatas,
ojos de mujer que sueña,
corrientes suaves,
ciervos
habitarán los bosques.
(Del apartado: Madrugada y Fuga)



III
Quizá el libro encuentra coincidencias, muchas a mi parecer, con la literatura de viaje. Hay en él una introspección que se va efectuando con forme uno avanza en la lectura, hay un partida y un destino, un inicio y una llegada, no a la manera órfica- descenso y ascenso- pero sí a la manera del viajante-poeta beat; tal vez por ello toda la ambientación del poemario, repetidas veces, regrese a los caminos áridos del viejo oeste, del Western cinematográfico.


CABALGATA

El llano es inminencia de la flor,
lo venidero
en seca lejanía,
la soledad que colma,
que vacía de igual manera
al santo que al traidor.
Es disolverse en hilos
de sudor, exhausto, sin caminos
y sin guía,
arribar a la noche
—hoguera fría—,
decadente, colmado de temor.
Al fin conocimiento, al fin
ya nada que oculte la unidad,
su luz más pura,
completa desnudez,
alta espesura
en polvareda y roca levantada:


después de tanto andar,
flor y morada
dentro del pecho
extiende la llanura.

(Del apartado: Polvo de nadie)


Y es aquí, precisamente, donde se trunca el viaje, donde el desierto no es sino un arder a solas, una mirada así mismo, un instante peligroso donde el abismo y la videncia se dan cita; – ahora mismo recuerdo estos versos, que seguro resultarán más eficaces a lo que pretendo decir, del poeta Álvaro de Campos en mano de Fernando Pessoa: “Grandes son los desiertos y las almas desiertas y grandes-/ Desiertas porque no pasan por ellas sino ellas mismas/ Grandes porque desde allí se ve todo, y todo murió”-.

Toda cabalgata introspectiva, o metafísica, terminará, o topará muy pronto, con los barrancos. Que llegan a ser, si son bien aprovechados, los momentos de más lucidez en los que se puede encontrar el alma, curiosamente expresados en los actos cotidianos y comunes… están ahí, a la espera del alma “cautiva”.


GAMBUSINO DIARIO
Tú que sabes del aire que duele por perdido, de aquel volverse sordo que anubla temporadas, que entiendes de las lluvias por siempre inacabadas, suspensas, largas cintas del cielo hasta el olvido, que de la noche en blanco su pulso has comprendido, porque se extiende lejos, a tantas madrugadas, bajo tantos silencios y frases socavadas. Tú que vagas muy dentro, muy fuera del latido, pues te destemplas niño por un abrazo fuerte, qué anhelo de quererte se colma en tus zapatos, en tu bostezo diario, puntual y reverendo, qué desnudez se enfila con rumbo hacia tu muerte, qué de carcoma teje su historia en tus retratos, ¡qué humano, en fin, qué humano en ti se va creciendo!
(Del apartado: Barrancos)


No pasará inadvertida para el oído atento, la estructura con la cual ha sido escrito este poema en prosa, el verso alejandrino retumba y nos conduce por el alma de este gambusino agraciado con el don de la videncia; una variante del soneto, muy usado por los modernistas. Y no sólo en este texto el poeta nos demuestra su educada versificación, hay a lo largo del libro, variantes de silvas, combinaciones de versos endecasílabos, sonetos, etc. Lo cual hace inevitable la reflexión sobre el oficio, sobre el poeta


CANTO
Queremos ser poetas
y no medimos bien las crines del caballo
al borde del silencio, su latido.
Con la mayúscula inicial del hambre
sonando en nuestra boca emprendemos carrera
entre versos inciertos.
Y uno quiere cantar
el árbol que no ha visto y todas nuestras lágrimas,
y eso es perderle el paso a la saliva
y tropezarse en una lengua dócil,
porque así nadie eleva su espina medular
y no hay idioma justo.


(Del apartado: Barrancos)


Del penúltimo apartado es el crimen, volver al crimen. Nos devela, como una buena película del Western, quién ha sido todo el tiempo el poeta, quién ha cargado en nuestros ojos la pólvora y ha disparado a quema ropa. Es el mismo, quien se queja de la atascada Remington, quien nos ha llevado a la emboscada del verso último, de la traición y la venganza. Es el mismo que nos ha disparado y al que creímos herir…


MUESCA
Inmóvil, desangrado, mira
el vencido a quien su arma
no acertó llagar de muerte.

Piafa la mula.
El de la buena estrella
birla fuste, cantimplora, estribos.

Se inscribe en la culata:

Hombre de atascada Remington

(Del apartado: Alto calibre)


IV

Eh aquí la llegada, el final…el viaje Hacia el Oeste.
La ebriedad con la noche ha tejido su trama. En el bar, los invitados comentan la reciente sesión, saludan al poeta y brindamos todos. Apresuramos los tragos como se viene la noche y todos parecen tener buen ánimo. Todavía le sobran horas a este día, y el poeta lo sabe: aún nos quedan dos balas en la colt single…

GUSTAVO ALATORRE

jueves, 10 de septiembre de 2009


Manuel Becerra Salazar, Ciudad de México 1983. Ha publicado para varias revistas de México y del extranjero. Ganó el Primer lugar en el concurso de Décimas literarias( 1999 y 2007)organizado por la Secretaría de Cultura. En 2006 obtiene dos veces consecutivas la beca Artes por Todas Partes por sus proyectos Los Alumbrados y Sinfonía de Cabaret (música y poesía. Es autor de Cantata Castrati ( Editorial Colibrí 2004) y reeditado en 2006 en la colección As de oros. en 2008 obtiene el Premio Nacional de Poesía Enrique González Rojo Arthur por su poemario Los alumbrados. Este año fue becado por la Fundación para las Letras Mexicanas A.C. para el ciclo 2009-2010.
grafología de un corazón terráqueo
Qué mundo hostil,
sufrir fue permitido…

A. Calamaro


Si ya el vivir el mundo a tope, más allá de lo ordinario, se antoja terrible y suicida, alumbrarlo y ser parte de él, es tarea de pocos. Nos enfrentamos a la escritura forjada a base de la vivencia pura y al oficio cuidadoso, aquella que no regala un verso nada más por ensanchar el ego o dar consuelo a pequeñísimas penas, sino al verso de la caligrafía asesina, que deslumbra o encanta a la manera del tango.

El libro los alumbrados es un espejo donde, si somos atentos, podemos descubrir la verdadera fuerza que incendia y salva el alma del autor y sus lectores. Quién si no aquél, que ha regresado borracho y ardiendo por el calor de una dama - a blancas horas del día o de una noche fatal- puede atestiguar que el regreso es lo que más pesa en el alma; y más allá, quién si no aquél que ha hecho de esto una práctica mortal e incesante:

“…Buen sitio
para ver tus estrellas ahora puestas
en las sienes de estas niñas,
su polvo de plata ascendiendo, como el Pacífico,
en este antro amueblado por jaulas suspendidas
y ojos vítreos colgando a la primera oportunidad
de las luces”

Inicialmente Cabaret los Alumbrados o, Los Alumbrados, como ahora lo conocemos, no sólo retrata el mundo bajo del arrabal y la carne, también la ternura que se oculta y deslumbra al autor bajo los ojos óvalos de la niña Grecia, la niña Mariana cuyo nombre heredó del abuelo difunto, y que ve saltar al tigre entre los versos del padre. Hay también la música, recurrente como la forma del arco de la viola, para blandir la belleza, tajarla y someterla para un concierto lunfardo:


“ Traza el felino círculos de pánico en un solo sitio,
para después mirar, inmóvil, siendo esfinge
las gradas insaboras y pensar en carnadas fáciles.
saco al tigre del poema, entonces,
para mantener la calma entre la gente,
y Mariana, cruzada de brazos, me dice:
ahora todo riesgo ha desaparecido
¿para qué sirve así un poema?”



El libro pareciera dispararse en distintos poemas, pero encuentra su principal eje en el asombro de la rosa. El símbolo de antaño utilizado para representar lo mortalmente bello. Es ahí donde ancla sus bases el alumbrado para cantar la dicotomía antigua. Es ahí donde se ve convidado al festín de lo terreno, a la presencia de la muerte que deambula vestida con el cuello en jazmines, por hospitales que ya nunca olvidarán su rostro:
“Y vuelves, muerte,
te han quitado la gracia y aún rondas por aquí.
No has venido a llevarte a nadie,
has venido a que te escriba
( a ensuciar el sueño de mi enfermo)”

Es la plegaria en el libro, acaso, una forma componer lo hecho, de construir con la memoria del verso, lo que hemos ido tirando con borracheras y musas y tangos. Es la rosa lo que el poeta ofrece a los dioses a cambio por el fuego, ese fuego robado una vez por prometeica mano y casi vuelto a robar por el infante Rimbaud. Ese don de encontrar entre la mala esencia del viento, el instantáneo prisma de la belleza terrena.

“Mira con el tacto la mala esencia del viento
atormentando a la alondra.
Observa a la alondra enferma, ahora,
lucir para nadie sus mejores despliegues.”


No me queda sino festejar la aparición de este libro, y ver con agrado la publicación de poemas cuyo nacimiento atestigüé en compañía del autor, caminando o bebiendo la noche, oyendo fragmentos difusos de caligrafía etílica, mirando al autor hablarme de Cuba, de la Habana, Japón, o de una mujer que se ha llevado consigo un corazón terráqueo.


Gustavo Alatorre

jueves, 3 de septiembre de 2009


el poeta Manuel Becerra Salazar,
antes de la charla...


CRÓNICA 2
22/7/09


El poeta Manuel Becerra Salazar fue el segundo invitado al ciclo Charlas con la poesía, celebrado en la Delegación Iztacalco. Bajo otra bellísima tarde como marco para la poesía, el café y el vino tinto armonizaron la plática con el vate, quien no perdió tiempo para arremeter con su palabra:

“El origen del título- Cantata Castrati ( Editoria Colibrí, 2004)- , fue inspirado en parte, por la poeta italiana Alda Merini, hospitalizada en un psiquiátrico, y en cuyos poemas la intuición cobra un papel importante…”
Comentó como bienvenida al público asistente e iniciando de igual manera las rondas de copas de vino que, junto con Alatorre, parecía tener prisa por acabar. Aún era muy pronto para la ebriedad pero el calor que suelen brindar los primeros tragos hizo efecto entre los poetas y su plática:

“los poemas de este primer libro, fueron iniciados a la edad de 15 años y finalizados, tal vez, a los 19 (…) Es poesía escrita – los primeros textos- sin conocer que era poesía, pues imitaba las canciones, estrofas, que en aquel tiempo escuchaba…”

Éste libro consta de varias etapas, según el autor, algunas marcadas por la necesidad de expresarse, la adolescencia, y otras más donde surge una profunda preocupación por la forma en la poesía y la responsabilidad que esto implica.

A propósito de este poemario, el poeta añadió que la primera edición contó sólo con un tiraje de 100 ejemplares, los cuales “se agotaron en la presentación de la Casa del Poeta en el Distrito Federal…”, más tarde fue incluido en la colección As de oros, de la Editorial Colibrí con un tiraje mayor.

Con la botella a medio llenar, y con la charla apenas empezando, Becerra dio su opinión sobre la poesía y su público, sobre la relación que existe entre el poeta y los escuchas:

"La poesía cobra su lugar aunque sólo haya un fotógrafo y un periodista…"

Arremete nuevamente para dar pie a la lectura de algunos poemas suyos, los cuales generaron simpatía entre los escuchas. Las paredes de la estancia repetían como cantos de sirenas los versos del vate, como una música que pretendiera embrujar a los oyentes…

Esta mujer, que no conozco, es mía.

Viene conmigo desde el bar Portales,

Tiene el cuerpo de Venus y los ojos

De una luz ebria que me deja ciego.

Un Metro lleno de fantasmas lleva

Nuestros cuerpos ceñidos y sedientos.


Buscamos una habitación, Señor,

Ladramos a las puertas de tu edén.

Buscamos una habitación, Señor,

Unas sábanas húmedas de frío

Donde poder quemar el alma en vela.

No volveremos a saber de nadie.

Mañana cada quien se irá aún ardiendo

Entre estas calles frías de noviembre

(Venus Ebria…de Cantata Castrati)

Llegó el turno de hablar un poco sobre su segundo libro, y Becerra pareció celebrar el momento y la oportunidad. Los Alumbrados – Premio Nacional de Poesía Enrique González Rojo Arthur, 2008- está a groso modo construido “por temáticas bien definidas”, comentó el autor, y por experiencias fuertes que afectaron su visión y su vida: “la muerte y agonía de mi padre, y el nacimiento de mi hija Grecia”.

Los poemas no se hicieron esperar, y el público fue acogiendo cada verso con suma atención y silencio, tal como se escucha alguna obra cuya profundidad está apelando a algo que nos arropa y conmueve; y que de igual forma nos violenta…


“Cuando entré a la habitación de Eurídice también entró una serpiente. Me arrastré con movimientos mudos por sus noches de matrimonio, me interné hasta su boca rampante, llegué por el río desvelado de la alfombra hasta ella. Lentísimo la saqué del mar de sus sueños y así me la llevé: húmeda, igualada al violín, a un accidente ingrávido en el aire, con la mesura de la clepsidra. Rompí el cristal de sus ojos con grietas sordas y me arrojé a ellos con la agresiva parsimonia del basilisco. Me destruí en sus caderas con esa enfermedad tan parecida al tango, con el serpeo del rayo en el tiempo de los remolinos, apagado como un fantasma entrando y saliendo por los sueños de su esposo, sin moverlo, entrando y saliendo con el dolor en voz baja, jadeando con una corona de fuego abrazada a la cintura de Eurídice, en silencio; entrando y saliendo, casi virtuoso, como un asesino.”

(del libro Los Alumbrados)

Los versos siguieron cayendo junto con la tarde y pronto la noche comenzó a amenazar con sus ebriedades y sus discretas invitaciones a los placeres, que bien aguarda y que sólo convida a los poetas y bohemios.
La botella miró su entraña vacía, y en compañía de nombres como Buadelaire, Celán, Orfeo, Eurídice, Rubén Bonifaz Nuño, Eduardo Lizalde, Efraín Huerta y más, los poetas cerraban el día y su plática. No sin antes expresar el deseo de seguir la juerga en alguna cantina de esta ciudad bellísima y aterradora…

Yuquiabe Romero


El poeta Manuel Becerra en la segunda sesión de Charlas con la poesía.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Andrés Cisneros de la Cruz nace en la Ciudad de México en el año de 1979. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana. Obtuvo el 2do. lugar en el Certamen Internacional Relámpago de Poesía Bernardo Ruiz en el año 2008. Cuenta con mención honorífica en el Concurso Nacional de Poesía El Laberinto en el 2004, y en el Concurso Nacional de Poesía Jaime Sabines en 1999. Es incluido en las antologías 24 años, 24 poetas, del Chopo, así como en el Encuentro de Escritores del Oriente del Valle de México, Descifrar el laberinto en el 2005, La Mujer Rota en el 2008, Del silencio hacia la luz, en la antología del II Recital Chilango Andaluz en el 2008 y en el Anuario de Poesía de Fondo de Cultura Económica en el 2007. Sus Obras publicadas son Vitrina de últimas cenas (2007) y No hay letras para escribir tu epitafio (2009). Actualmente es editor de la revista de poesía Versodestierro y consejero editorial de Metáfora, hoja de poesía.


Andrés Cisneros de la Cruz, primer invitado al ciclo Charlas con la poesía.
LA PALABRA COMO EL INICIO DE LA EXISTENCIA
Una mirada a la poesía de Andrés Cisneros de la Cruz


Se inauguró el ciclo Charlas con la Poesía, y el primer invitado fue el poeta Andrés Cisneros de la Cruz, quien nos habló de su labor en este oficio y de su trabajo como editor. Nos compartió gran parte de su obra poética, principalmente de su segundo poemario No hay letras para escribir tu epitafio. Desde el primer momento, llama poderosamente la atención el por qué del título; las primeras preguntas que me vienen a la mente son ¿por qué no hay letras? ¿ya no bastan? ¿ya no nombran? Es difícil responder a estas preguntas, en primeras instancias porque el tema es ambiguo, sin embargo, creo que será interesante ver qué respuestas surgen al leer este poemario.
Habrá que hablar entonces del papel que toma la poesía en el poemario, ¿cuál es el poder de esta palabra? ¿Acaso será el poder del que condena? El libro comienza con un epígrafe de Shakespeare: El odio es tomarse un frasquito de veneno y esperar que el otro muera…, ante esto, Cisneros de la Cruz pone en la siguiente página de su libro: Deposito aquí este veneno. El veneno, claro está, es la poesía. De ahí venía mi pregunta acerca de si el poder de la palabra en este poemario es a primeras instancias del que condena. En el poemario no hay nada más que muerte, y entre estas muertes a veces también se encuentra la de la poesía, la belleza, el arte, que son destruidos por el hombre (más tarde ahondaré en esta idea).
¿La anterior alusión a una condena nos quitaría entonces toda esperanza? Yo creo que no. No se debe negar que al ver cómo es tratada la condición humana en el libro uno se desalentaría, pero el pensamiento no se debe parar ahí, que es algo que mencionaba en la charla Cisneros de la Cruz, sino que debe seguir y reflexionar hasta sus últimas consecuencias. Y aunque en el poemario la realidad diaria es tratada con dureza, tal vez es porque uno no debe construir castillos sobre las nubes y de ahí partir para la reflexión, sino al contrario: a partir de la realidad misma se debe pensar qué es lo que está pasando y como intentar escapar un poco a esa condición humana (por más ilógico que parezca), a ese vacío y al poder: al falo que todos llevamos dentro.
Otro poder de la palabra es el de la invocación, la cual se presenta en modo de plegaria y denota un acto ritual, como en el caso de Ofrendas para un espectro, donde dicho ofrecimiento es a través de la sangre y se hace presente a través de una plegaria:

“Hazme noche, madre
asfixia en la boca hazme orgasmo
coágulo que cae entre las piernas
para entintar la primera ofrenda.”

Sin embargo, este poder se pierde en el momento de lo incorpóreo, en el momento en que se deambula entre los signos, en el momento que se hace el silencio, que es sinónimo de eternidad. Tendríamos entonces una división casi contradictoria: la palabra y el silencio, y digo casi porque demuestra que a veces el lenguaje, que los vivos utilizamos para nuestras plegarias, para nuestras poesías, para comunicarnos con los demás humanos (vivos) y aparentemente con un Dios, ya no es suficiente en aquel mundo de los muertos, donde ya se ha pasado a otro plano: “Del pájaro cae el cuerpo en las manos, vuela / a otro espacio”. Es decir, es un mundo lleno de signos, de silencio, donde “el horizonte siempre lejano/ es pensamiento nunca boca”.
Pasemos ahora a la visón que se da en el poemario de la condición humana. El primer poema, Poema de la oscura parábola, tiene un epígrafe acertado para lo que se quiere decir de esta condición: “-¿Qué somos? / -Microorganismos que devoran microorganismos”. Generalmente, cuando damos un vistazo a la cadena alimenticia lo que notamos es que los animales grandes se comen a los pequeños. El hombre ni siquiera es de los seres más grandes pero, dotado de inteligencia, se ha ayudado de otros elementos para romper esta cadena y erigirse como el rey de la selva. Así pues, el hombre ha llegado a dominar el mundo animal; lo que siguió a eso fue el dominio del hombre por el hombre y este reto al parecer no es algo que el hombre decida, sino que está condicionado para ello:

“[…]y sus ancestros
simios que destrozaron sin inocencia
el cráneo de los niños peludos: sus hijos
-que de haber permanecido vivos
hubieran organizado un banquete con el tuétano de sus huesos.”

De tal modo, que si el hombre se destruye a sí mismo desde sus inicios, no es raro pensar que peor suerte tiene el arte (la poesía): “Y aunque sea una semilla de flor, la pisa y le prende fuego/ hace que desaparezca/ Y se esfume […]”.
Ahora bien, hablando un poco más de la destrucción del hombre por el hombre, no debemos olvidar que el motivo principal es el poder (no sólo poder político o monetario, sino poder, poder de todo). Entonces el poder será un eje temático a lo largo del poemario: el hombre que está atado, que ha perdido su individualidad, que no tiene rostro, porque ha sido absorbido por un poder mayor, por el sistema. “El falo que todos llevamos dentro” es una clara expresión de estos pensamientos.
Todo el libro pareciera hundir sus bases en el pensamiento existencialista, incluso algunos epígrafes son de filósofos pertenecientes a esta corriente. Bien, el poema principal, que da título al libro, tiene como objeto principal una imposibilidad: la de encontrar letras para nombrar. En todo el poemario, debemos darnos cuenta que el estar no es sinónimo de existir, pues los hombres permanecen en el silencio, donde se detiene el tiempo, donde todo está inmóvil y donde se está muerto. Aquí podría parecer la total desesperanza. Y vuelvo al punto donde contraponía la palabra con el silencio. Justo cuando todo se calla, cuando sólo se encuentra la nada, regresa el poder invocador de la palabra: creando cosas, haciéndolas existir: “Ninguna cosa es cuando falta la palabra”, dice Heidegger. Y en esta idea parecen coincidir todas las culturas: la palabra como el inicio de la existencia. El hecho de que no haya letras para escribir el epitafio, el hecho de esa imposibilidad, tal vez sea esta negación a la existencia: si cuando se nombra se es, entonces el hecho de no nombrarlo es convertirlo en nada.

“Habré olvidado qué es dios
Para en su lugar haber aprendido a decir
qué es mito [… ]”

Mariana Brito


Andrés Cisneros en la lectura de su poesía.
CRÓNICA
8/ 7/ 09

POR YUQUIABE ROMERO

Este día el poeta Andrés Cisneros de la Cruz llegó a la inauguración del ciclo Charlas con la Poesía, llevada a cabo en la casa de cultura IMPI- Picos de la Delegación Iztacalco; evento organizado por el también poeta Gustavo Alatorre.

Con el día nublado y con la tarde asomada apenas tras la ventana, el vate comentó que su poemario No hay letras para escribir tu epitafio, gira en torno a una reflexión sobre la renuncia al "padre", como una forma simbólica de erradicar el poder que esta figura representa. Expresó, además, que la poesía es una forma de morir, de crear una metamorfosis para concebirnos a nosotros mismos.

En medio de una plática amena, confabulada con el vino tinto que poco le duró a Cisneros y a Alatorre, se dejó claro que este poemario representa una queja “de la sociedad, para la sociedad”; teniendo como punto clave el poder, que se ve reflejado en la religión, el patriarcado, el gobierno etc.

Después de la lectura de varios poemas- algunos que forman parte del libro y otros más inéditos hasta hoy en día- Andrés Cisneros de la Cruz explicó sus razones del por qué tenemos esta sociedad, partiendo desde su propia experiencia, tomando como punto de apoyo la violenta palabra y el lúdico verso lleno de sarcasmo que le caracteriza:

“La poesía es veneno /y antídoto para el hombre. Pero ellos permanecen en pie porque son simples bustos de un tiempo muerto”

Con la botella a punto del trago final, y después de una serie de reflexiones, que de manera realista, “permite expresar el asco” que el autor tiene hacia el poder en general, pero dándose a notar aún más en cuanto se acerca al tema de instituciones religiosas, el
poeta hizo una llamada de auxilio para que la sociedad pueda y sea capaz de abrir los ojos y afrontar los problemas:

“ El poder, refiriéndose al manejo de masas en la religión, es hipócrita por que pretender hacerte creer que están salvando tu vida y apoyando a los ideales de Jesús, mientras que por la espalda de los fieles, se hacen ricos, con discos, videos, haciendo notar su propia contradicción, prefiriendo el engaño y el abandono de ti”


Tras de un lectura última y el vino agotado, Gustavo Alatorre (anfitrión de estas charlas) y Andrés Cisneros de la Cruz, pusieron punto final a esta primera sesión del ciclo Charlas con la poesía, no sin antes invitar desde luego, a todo el personal a seguir la juerga con esta caprichosa dama- La Poesía- que siempre ha sido, y será, el magnífico pretexto para alargar la noche y perseguir la madrugada en alguna hora de espanto o bellísima lucidez.


“Sepulto en tierra de lobos
Sé del fin de los nunca y que nunca habrá final
Por que allá, lejos de toda la vida, me espera el silencio.”



Andrés Cisneros de la Cruz