miércoles, 5 de mayo de 2010

Charlas con la poesía: MARÍA CRUZ

Charlas con la poesía: MARÍA CRUZ

MARÍA CRUZ


María Cruz nació el 15 de octubre de 1974, estudió en la Escuela de Escritores de la SOGEM. En 1997 ganó el primer lugar en el Segundo Concurso de Poesía Urbana Carlos Pellicer con el libro Colmena de Oro y Ceniza, publicado en la editorial Praxis. Entre sus obras se encuentran Suma de Patios ( 2001) y El libro de las Grietas ( 2004). Ha coordinado talleres de creación literaria y participado en recitales poéticos, así como publicado en revistas y diarios de circulación nacional.


A más de diez años de la publicación del primer poemario Colmena de Oro y Ceniza de la poeta María Cruz, nos encontramos sin duda alguna, frente a una de las voces más consolidadas e interesantes de su generación. Libro que golpea al ojo lector y lo lleva a la ensoñación pura que sólo la urbe y la poesía pueden causar. Poemas donde la poeta es partícipe y espectadora de esa gran bestia moderna llamada ciudad; donde el amor es sufrido y gozado en las habitaciones de la gran urbe, donde el paseante, al puro estilo de Baudelaire, sabe que la enfermedad tiene nombre y ese nombre es el hombre mismo, el hombre moderno.

A lo largo del libro uno va descubriendo que la belleza es ese instante que se rompe con la aparición de aquellos espacios de las grandes urbes y que sin embrago, no podría existir sin la urbe misma; cada calle, cada patio o habitación donde reposa o viaja la poeta, es violentado por la belleza misma o el instante cotidiano, creando así una dialéctica cuyo resultado es la poesía en sus más claros momentos:


“Las mujeres cultivan rosas en azoteas negras
Donde la humedad orilla a niños con alas invisibles
A despeñarse de altos edificios.

Por las calles los perros efímeros comen restos
De mariposas y restos de bicicletas roídas.

Y al terminar la lluvia
Queda una sopa musical
Que a cuentagotas
Alimenta vagabundos.

Suena el clamor de esta cisterna
Donde navegan nuestras voces
Y compartimos el hollín
Como sal negra.”


Es la ebriedad entonces una manera más clara de descubrir las cosas, de darse cuenta que la soledad es una lápida y que el mensaje más claro o más sutil- el mensaje poético- no encuentra eco en esta urbe ensordecida por naturaleza:

“He bebido bastante
Y en las botellas vacías escribí mensajes
Y los mensajes rodaron por olas
Que petrificó el asfalto.

Nadie responde.
A esta hora no veo más que muros
Con la inscripción de mis epitafios.
Me resbalo por el charol de las avenidas
Que dejó la lluvia
Y el eco de mi voz se pierde
Bajo las ruedas de los autos.
Voy por calles donde los edificios son de chatarra.
Voy por calles donde los jardines huelen a loción importada.
Bajo este pasto no está mi espejo,
No me espera esta flor,
No se abren unos ojos para verme.

La nada de mis deseos me deslumbra con su fulgor vacío.

Por las mañanas busco la resaca del mar que soñé,
Los zapatos que anoche se quitó mi amado,
El pasto que se me pegó a mi espalda
Cuando nos echamos a mirar el cielo,
Y solo encuentro mi mismo nombre
en mi boca repetida.”


Es aquí donde la memoria cobra su papel fundamental, casi tan poderoso como la imaginación misma; es acaso el recuerdo la mejor forma de detenerlo todo, es, quizá, la poesía el mejor recurso nemotécnico para situarlo todo, para abrazar lo que las grandes ciudades van devorando como una boca hambrienta del hombre mismo:

“Pasas por mi memoria en las horas más baldías
Y me cuelgo a tu imagen
Como una luna al cuello.
Hubo una noche aérea en el valle de México
En que tus ojos de luciérnaga
Doraron la cerveza.


¡Huyeron los techos!
Y me dijiste los nombres
De las estrellas solteras.

Un día la lluvia nos correteó por el Eje Central
Y tu risa recogió a los suicidas.

Un día tus ojos se salaron con mis lágrimas.

Ahora que a tus ojos se presentan los muros
Que puedo darte amigo mío
Sino rosas de fuego azul
Para que enciendas un jardín
De lumbre compartida.”

¿Y es esa lumbre, es oro, más poderoso que la ceniza? Un respuesta que sin dudad, descubrirá el lector cuando se acerque a este libro.

No queda más que agradecer con todo cariño la maravillosa tarde del 10 de octubre de 2009 que compartió con nosotros en estas Charlas con la poesía.


Gustavo Alatorre

martes, 10 de noviembre de 2009


Adriana Tafoya (1974,México, DF.) Libros publicados: Animales Seniles (2005), Enroque de flanco indistinto (2006) y Sangrías (2008). Obtuvo el 2do. lugar en el Concurso Nacional de Poesía El Laberinto 2004, el 1er. lugar en el I Slam de poesía organizado por la Alianza Francesa, 2007 y el 3er. lugar en el Certamen Internacional Relámpago de Poesía Bernardo Ruiz, 2008. Ha sido incluida en las antologías 24 años, 24 poetas del Chopo (2004 DF), Encuentro de Escritores del Oriente del Valle de México (2005), Descifrar el laberinto (2005),en la memoria del IV Encuentro Internacional de Escritores, en homenaje a Andrés Henestrosa, Guanajuato, (2007), Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México (Ediciones Zur, 2008), Palabracaidistas: selección poética (Ediciones Lago, 2008) y en el Anuario de poesía mexicana 2007(FCE, 2008)selección de Julián Herbert. Ha colaborado en los periódicos El Financiero, Milenio (El Ángel Exterminador y suplemento Laberinto) y Diario Monitor. Fue conferencista en el Festival Internacional de Ajedrez 2006 y participó en el VII Congreso Internacional de Poesía y Poética BUAP, 2006. Impartió talleres de Poesía y Ajedrez en diversas entidades del país.
También ha publicado en las revistas Opción, Crítica, Resurgere, Palestra, La Manzana, Atemporia, Deriva, Una Theta, Ruidos, Naufragio, Encuentos cercanos, Clarimonda, Eje Central, Registro, Alter Mundi, Esta revista se llama Blasfemia, Bulimia de Camaleones, suplemento cultural Cámara, Letras en Rebeldía, Solario, Navegaciones Zur, Bitácora, Ciclo Literario (Oaxaca), revista DCO y en La Prensa Literaria y 400 Elefantes de Nicaragua, entre otras. Recientemente fue incluida en la antología internacional de poesía "La Mujer Rota", editada por Literalia, 2009; en la antología del II Recital Chilango Andaluz; 2008, y en la antología del beso en la poesía mexicana Nectáfora, compilada por Fernando Reyes, Ediciones Libera, 2009. Es organizadora del Torneo de Poesía Adversario en el cuadriláterO (07/08) y de los Miércoles Itinerantes de Poesía (07/08), también del Encuentro Nacional de Poesía Independiente y sus Editoriales 2008, así como del Homenaje Nacional a Enrique González Rojo Arthur por sus 80 años (08). Actualmente es editora de la revista y editorial Versodestierro, y consejo de Metáfora, hoja de poesía.


ADRIANA TAFOYA, VINO TINTO Y MATAMOSCAS
Muy cerca de entrar la noche, el miércoles 18 de septiembre contamos con la presencia de la poeta Adriana Tafoya, quien se incorporó a la lista de invitados de las sesiones de Charlas con la Poesía.
Otro encuentro con vino tinto, cigarrillos y libros fue el artífice de convidar al público a la reflexión y al goce de los versos escritos por la autora de Animales Seniles, quien no tardó en hacer gala de la buena dicción que tiene para leer sus textos.

Melancólica se mece
de morbo y
menosprecio
en penitencia de un milagro
muscarina lapidada
ni laudo / ni precario martirio
colando el menoscabo
y su lanza
clavando
presurosa por matarse
matarlo


Poesía de tono variado, ágil, reflexivo en algunos momentos y sarcástico en otros; pero sobre todo buena poesía. Quién se acerca a la obra de Tafoya tendrá siempre a la mano la opción del goce o el escrutinio, pero jamás el toque indiferente del que suele contagiarse el lector con ciertas obras.
Con una ya variada trayectoria en las letras (libros, antologías, festivales, premios) Adriana sabe apartar muy bien el oficio poético de su labor como editora, prueba de ello la constante producción en ambas labores.



La noche caminaba con su oleaje de sombras y la poeta construía el ambiente con su certero verso:

Déjenme morir sin dios
No claven pájaros en mi cabeza
Quiero caer,
Llorar gruñendo
Gritar al verme sin piernas ni manos
Que el dolor y el pánico me enciendan la mente
Que mis pájaros sangren
Al estrellarse contra el hocico del miedo
Y sólo quede tizne,
Tiznón del perverso canto que miente y dice
“caerá el sol sobre la tierra
y aún moribundo arrasará los campos”.


Se escucha la voz de la poeta, cuando toma entre sus manos su libro titulado “Sangrías”; y parece que el salón a oscuras y el silencio del público son uno solo con el texto. Sin embargo, no podíamos pasar la oportunidad de escuchar en voz de su autora, ese magnífico poema que un día tuve la oportunidad de leerlo- en alguna cantina del centro histórico- antes de que lo publicara, y cuya primer lectura generó en mí esa sensación agradable de la poesía, del poema “redondo”, por así decirlo; me refiero claro al texto “El matamoscas de Lesbia”:


Regreso agitada y burbujeante
presionando con los dedos
el cuello
del cristal que envuelve al vino

Regreso redonda y satisfecha
frondosa y perfumada
con las carnes tambaleantes
y envinados mis sabrosos frutos

él dijo:
me molesta tu perfil
de gesto seguro y suficiente
sólo eres una mosca gorda
mosca negra peluchuda
e inflamada
de siniestros pelos

Ruedo por la inmensa cama
Me desprendo de una tela
entallada y descosida
le confirmo
que soy negra y sucia
negra de carne dulce
carbón de azúcar
mosca exótica con vientre acústico
forrado de terciopelo
una cajita pequeña de resonancias

Confirmo que soy negra
y deliciosamente gorda
y que en alguna parte olvidé las pantaletas

él dijo:
me enoja cuando bebes
arrogante elevas el meñique de tu mano
eres perra añeja
que provoca
carnívoros deseos
dan ganas de hacerte tierra
y cocer un jarrón de tu barro

Sonrío
me acomodo y le reitero
que soy negra y mala
negra de labios gruesos,
que la forma de la hembra madura
se impone
y concentra la elegancia
de lo abundante,
le da poder al cuerpo

que tengo los pezones zarzamora
que estoy desnuda
y se me dibujan grietas
que adornan mis nalgas
con la textura del satín

él dijo:
me haces falta

Adormilada
abro las piernas
que atesoran mi sexo oscuro
inflamados sus pequeños olanes magenta


en esta flor clava su lengua

no me molesto con él
sé que tiene hambre.


El vino se terminaba y la noche sugería un lugar más propicio para la juerga que, como los mares, parecía crecer conforme la sombra llegaba; así que pusimos pausa a la charla y decidimos prolongarla a otros sitios donde la cerveza fuera nuestro mejor escucha y nuestro más sutil veneno.

Así que nos perdimos, escritores y público, por las entrañas de este pedacito de urbe llamado Iztacalco, y dejamos en paz, un rato, la poesía.

GUSTAVO ALATORRE

martes, 3 de noviembre de 2009



MAX ROJAS (México 1940)

Director del Museo-Casa de León Trosky (1994-1998) y promotor de la cultura en Iztapalapa y la Ciudad de México.
Participó en la organización del Consejo de Fomento Cultural en Iztapalapa y el Circuito Museos del Sur, A. C., entre muchos otros. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte 2006-2009.
Coautor del volumen, titulado “Palabras en poesía. Diccionario poético por 50 poetas mexicanos”. Entre los autores de estas obras se encuentran: José Emilio Pacheco, Rubén Bonifaz Nuño, Dolores Castro, Eduardo Lizalde, Antonio Deltoro, Ramón Xirau, Max Rojas, Mario Bojórquez, Gloria Gervitz, Eduardo Langagne, David Huerta, Efraín Bartolomé, Marco Antonio Campos y Enrique González Rojo.

Autor de más de 20 textos y dos libros de poesía:
El turno del aullante, Trilce Ediciones, 1983. Colección Tristán Lecoq.
Ser en la sombra, Trilce Ediciones, 1986. Colección Tristán Lecoq.
Antología de cuerpos, Linaje Editores, con fragmentos de sus siete primeros libros de poesía.
Escribió también la novela inédita “Vencedor de otras batallas”.
Actualmente su poema CUERPOS, se publica gracias al apoyo de diversas editoriales independientes, ya que esta obra cuenta con más de 3 mil cuartillas.
De esta obra magna se cuenta ya con las ediciones de los volúmenes I, II, III y IV de un total de 27 libros que componen la extensión completa de CUERPOS:
Cuerpos uno: Memoria de los Cuerpos, Verso destierro, 2008. (Premio iberoamericano de poesía Carlos Pellicer 2009)
Cuerpos dos: Sobre Cuerpos y Esferas, AEM Literal, 2008.
Cuerpos tres: El Suicida y los Péndulos, Friadura Ediciones, 2008.
Cuerpos cuatro: Prosecución de los naufragios, Generación espontánea, 2009.

El día viernes 4 de septiembre de 2009, a las 6 de la tarde, se realizó la quinta sesión de Charlas con la Poesía, en esta ocasión contando con la presencia del maestro y amigo Max Rojas.
Poeta solitario hasta hace unos años, Max ha encontrado en el público joven y en las nuevas generaciones de escritores a los que hoy considera sus nuevos amigos y compañeros en este andar a solas que es la escritura.
Autor del emblemático libro y poema El Turno del Aullante, y ahora hacedor del poema infinito llamado Cuerpos, ya publicado en varios libros y por diversas editoriales, Max Rojas visitó la casa de Cultura Inpi-Picos para compartir con nosotros un poco de su experiencia en el terreno poético y en su vida en general.
Con el tequila y el cigarrillo inacabable entre sus manos, bajo la mirada atenta del público y con la poca luz de la tarde como testigo, fuimos convidados a entrar, junto con Rojas, por estancias del alma y variados recuerdos del poeta; que lo mismo retrataban a amigos, novias perdidas en los años, que aventuras y juergas llevadas a cabo en el territorio nocturno de la Ciudad de México.
Sobra decir que la maravillosa tarde-noche brindada por el poeta a los que pudimos librar la lluvia y el caos, tuvo como telón de fondo una cantina perdida entre las calles de esta fantasmagórica urbe…
Eh aquí, un poco de aquella noche…

GUSTAVO ALATORRE

La soledad salvaje
(Aspectos historiográficos de El turno del Aullante y Ser en la Sombra)*

Si bien la crítica literaria , salvo contadísimas excepciones, ha pasado de largo el poemario El Turno del Aullante, del poeta Max Rojas, en los últimos años se ha manifestado un creciente interés en esta obra. Prueba de ello, las recientes ediciones que se han hecho de este libro y las constantes aluciones al poemario y al autor por parte de nóveles escritores; sin dejar a un lado los homenajes y festivales a nombre de éste.

El poemario El Turno del Aullante se publica por vez primera en 1983, por la editorial Claves Latinoamericanas1, en México D.F. Esta edición cuenta con una presentación por parte de los editores y los siguinetes apartados: Las estaciones del olvido, Elegía como grito para una tarde de diciembre, Canciones para esperar la muerte, El Turno del Aullante, Escrito al borde los pozos, Trenos y Memoria del perro( este apartado escrito en prosa poética) y una breve biografía del poeta.

En la presentación de esta edición, los editores abordan el libro en su totalidad, no profundizan en ninguno de los poemas que contiene el escrito, sin embargo resaltan algunos temas tales como la obsesión, el fracaso amoroso y la vivencia personal como fuente principal de la escritura; aspectos que serán señalados constantemente por los pocos críticos que se han acercado a la obra de Rojas.

Años despues, en 1997, se hace una segunda edición donde además se incluye el poemario Ser en la Sombra y el prólogo realizado por Carlos Mapes, dicha edición es llevada a cabo por Trilce Ediciones-CONACULTA

México D.F. Esta publiación es de suma importancia para nuestro estudio ya que además de contar, como se dijo, con el poemario Ser en la sombra como parte del libro, se incluye lo que podríamos llamar el primer acercamiento serio a la obra de Max Rojas: el prólogo escrito por Carlos Mapes. Éste se adentra ya, de una manera más profunda, en la propuesta y características específicas de la obra de nuestro autor. Los temas más destacados en este ensayo son: la mujer como “símbolo de vida”2, el silencio y la palabra poética, al ausencia de la mujer- o añoranza de ésta, podríamos decir nosotros- y “ el aullido, frente a la desaparición- o derrumbe- de los cuerpos primarios o elementales”3.

Menciona también Carlos Mapes, la importancia que tiene el canto número diez de El Turno del Aullante en cuanto a ser el texto más conocido de la obra de Max Rojas: “…poema que, por “ritmo y riqueza léxica envidiables”, de acuerdo con Vicente Quirarte, varios poetas de generaciones posteriores a la de Rojas conocen de memoria y que ocupa un lugar privilegiado en su obra”4.

Si bien el texto alude aspectos característicos en la obra de nuestro poeta, no ahonda en ellos más allá de la mención que hace de estos. Sin embargo no deja de ser de suma importancia para nuestro estudio ya que arroja elementos clave para valorar y profundizar en la poesía de Max Rojas. Esta edición cuenta además, con algunos datos biográficos de nuestro autor.


Una tercera edición del libro es publicada por Verdehalago-CONACULTA, en 2003; en esta última,cabe destacar, que se deja fuera la parte titulada Ser en la Sombra, publicándose así una edición semejante a la primera hecha por Claves Latinoamericanas. El libro no cuenta con estudio, cuarta de forros o prólogo alguno; salvo algunos datos biográficos y la edición de los textos. No de deja ser importante, sin embargo, ya que el hecho de ser editado un libro por tercera vez representa un dato significativo para el tema de la recepción de la obra y sus lectores.5


Después de la publicación de El Turno del Aullante, aparece Ser en la Som-bra, publicado por Claves Latinoamericanas en 1986. El libro cuenta con una presentación por parte de los editores semejante a la edición del primer libro del poeta y ciertos datos biográficos. En ésta se aborda el tema del silencio y la palabra, y se suguiere que el nuevo poemario es una continuidad, una especie de resultado poético del desgarramiento del libro anterior. No deja, aún así, de ser sólo una breve, pero valiosa presentación y testimonio importante.


Este mismo poemario aparece en una segunda edición en 1997, cuando es incluído en la publicación de El turno del aullante por Trilce Ediciones. Como ya hemos mencionado anteriormente, esta publicación
resulta de suma importancia por que cuenta con un prólogo de Carlos Mapes y el libro parece tener, con la inclusión de Ser en la sombra, una mayor consistencia en cuanto a temática y fechas en las cuales fueron escritos estos poemarios6.

Más tarde, en 2006, es publicado nuevamente por la editorial Versodestierro, edición que cuenta con un prólogo escrito por Adriano Rémura y una cuarta de forros escrita por Gustavo Alatorre. En este prólogo se abordan algunos aspectos ya antes mencionados por las edicio- nes anteriores, como lo son: la soledad, la furia, el asunto del cuerpo desgarrado o llevado al límite para expresar un sentimiento de abandono o desesperanza. Sin embargo, es la primera vez que aparece la palabra Derrumbe para referirse a la poesía de Max Rojas: “ El derrumbe del mundo interior- comenta Adriano Rémura al referirse al libro Ser en laSombra- siempre estará en crisis y siempre es presente: los derrumbes son abrasivos para el espíritu”7

La cuarta de forros escrita por Gustavo Alatorre, plantea que el libro Ser en la sombra es una consecuencia directa de su antecesor El Turno del Aullante; ya que el silencio, las pausas entre versos, los cortes tajantes de ritmo, no son sino un intento de construir lo que se ha perdido, lo que se ha caído y derrumbado: “ …es el testimonio-Ser en la sombra-que el poeta Max rojas le ha arrebatado a la ausencia, al derrumbe de la única pasión que es capaz de engendrar en sus ojos a dos ángeles: el numinoso y el terrible”8
A manera de epílogo…
Como ya se ha hablado en páginas anteriores, El Turno del Aullante cuenta con cuatro ediciones, de las cuales la primera de ellas se realiza en 1971 de forma clandestina, apenas cien ejemplares en hojas sueltas. Edición que fue parte de un proyecto de apoyo para la huelga que sostuvieron los ferrocarrileros en esos años. Actualmente no se cuenta con ninguna de estas copias. La segunda sale a la luz en 1983, ahora sí con un formato de libro, con ilustración en la portada y un breve prólogo por parte de los editores. Para 1997, en una edición que reúne el poemario Ser en la sombra, se publica con un tiraje mayor a las anteriores y con un prólogo de Carlos Mapes. En 2003 se publica bajo el sello de Verdehalago-CONACULTA, esta edición deja fuera nuevamente el poemario Ser en la sombra. Todas estas ediciones ya comentadas detalladamente en páginas anteriores.

La constante publicación de esta obra en específico, nos muestra que a pesar de ser un poeta cuyo trabajo publicado raya en lo breve, es un escritor que se ha mantenido en el gusto del lector; prueba de ello la edición, por década, que se ha hecho de su libro desde 1971 a la fecha. Y no sólo El Turno Del Aullante se ha publicado en las recientes décadas, a este lo han acompañado las publicaciones de los libros Ser en la Sombra (1986, 1997 y 2006) y Cuerpos ( 2007, 2008, 2009). Sin contar las distintas participaciones en revistas, diarios, carteles, homenajes y antologías poéticas por parte de nuestro escritor.

Sin embargo, nos damos cuenta que el poeta, si bien ha sido varias veces publicado, ha sido poco aboradado por la crítica literaria. Realmente pocos son los ensayos y trabajos que han intentado ahondar en la obra de este escritor de una manera más formal y seria; por suerte, si hacemos una revisión de las fechas en las que se ha publicado, ya se a un libro o un poema de Max rojas, descubriremos con agrado que ha ido en aumento con respecto a los primeros años de trabajo de nuestro autor. Logrando con esto no sólo demostrar que es un escritor vigente, sino además, que es un poeta que poco a poco ha ido llamando la atención de la crítica literaria y de los nuevos lectores.
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1Ya en 1971, el poeta había realizado una edición clandestina de cien ejemplares, los cuales sólo incluín una parte del libro que después publicaría íntegro Claves Latinoamericanas en fecha ya mencionada.
2Carlos Mapes en El Turno del Aullante, Max Rojas, Edit. Trilce Ediciones-CONACULTA, México, 1997, pág. 3
3 ibid. pág. 4
4 ibid. pág. 5
5Como dato, hasta esta publicación se contaría ya con un compendio de 9 000 ejemplares del libro. Sumando los 1 000 de Claves Latinoamericanas, los 5 000 de Trilce Ediciones- CONACULTA y los 3 000 de Verdehalago-CONACULTA; sin contar las ediciones de las demás obras de nuestro autor.
6El libro El Turno del Aullante compende poemas escritos entre 1958 y 1973; así mismo Ser en la sombra fue escrito 1976. Dato significativo dado que Max Rojas no vuelve a escribir, salvo un poema “ escrito- cuenta Max en la presentación que hace a la edición
de Cuerpos por Linajes Editores, México, 2007-una tarde de lluvia en el bar del Sanborn´s de los azulejos”; sino hasta el año de 2003, cuando inicia su poemario Cuerpos.
7 Adriano Rémura en Ser en la Sombra, Max Rojas, Edit. Versodestierro, México, 2006, pág.8.
8 Gustavo Alatorre en Ser en la Sombra, Max Rojas, Edit. Versodestierro, México, 2006.

* ESTRACTO DE LA TESIS DE LICENCIATURA DE GUSTAVO ALATORRE : EL DERRUMBE AMOROSO EN EL TURNO DEL AULLANTE DE MAX ROJAS.

miércoles, 14 de octubre de 2009



Arturo Terán y Mendoza (Ciudad de México, 1968). Transcurrió su infancia en un bucólico pueblo del Estado de México (Lugar de tortugas, según el toponímico).
Ingeniero civil por la UNAM, transitó de los andamios y el restirador a la construcción de artilugios de palabras donde habita la memoria.
Antes editó Pero me bastan los dedos, libro-objeto escrito a mano e ilustrado por él mismo en 2001. En el 2005 aparece San Pancho Bar (Ediciones Cuiria/Fridaura) y en la misma editorial, en 2007, aparece El Destino del Salmón.
Figura en las antologías de poesía Hasta agotar la existencia II (Editorial Resistencia, 2003) y 23 años, 23 poetas (Tianguis Cultural del Chopo/Conaculta,2003).
En cuento aparece en Los mil y un insomnios. Festival del Cuento Brevísimo (Centro Toluqueño de Escritores/Instituto Mexiquense de Cultura, 2006).
Ha sido publicado en diversas revistas literarias y suplementos culturales de periódicos de circulación nacional y local.
Como artista gráfico ha participado en varias exposiciones, tanto individuales como colectivas. Viajante inmóvil de la literatura, espera el advenimiento de la locura en los otros para sentirse menos solo.
EBRIEDAD Y POESÍA
(ACERCAMIENTOS AL LIBRO SAN PANCHO BAR DE ARTURO TERÁN Y MENDOZA)
I


La primera vez que conocí al poeta Terán, fue una tarde en el Centro Histórico en la hoy desaparecida cantina “El Nivel”. Aquel primer acercamiento hubiera bastado para forjar pronto una amistad, pero los bastantes tragos que yo llevaba encima y su prisa por retirarse pospusieron nuestra charla.
Meses después, volvimos a coincidir en un recital, y nuestro acercamiento se dio gracias a las buenas bondades de la cebada y a la juerga que ese día tuvo a bien proponer el maestro Max Rojas por los rumbos de Iztapalapa. A ese día, le prosiguieron reuniones que, por azar o pretexto, nos juntaron en cantinas, vecindades del centro, foros de lectura, y mañanas que recuerdo con mucho aprecio en la editorial Friadaura, donde bebíamos plácidamente en compañía del editor Juan Carlos Valdovinos y uno que otro poeta o narrador que se presentaba a acompañar los tragos matutinos.

Días de mucho sol, eso sí recuerdo.

II

Si uno conoce al poeta Terán, pronto se da cuenta de que, por sus palabras, corre esa sabiduría sutil, casi imperceptible, que tiene a bien a soltarla sin hacer alarde de ella, como quien habla de algo común: el clima, alguna noticia…sin embargo, cuando menos se da cuenta uno, aquellas palabras resultan llevar en sus adentros una valía insospechada, en el momento menos inesperado.
Para quien no lo conoce, al menos en persona, su poesía es elocuente con su creador; versos más inmediatos que rebuscados, certeros con el mansaje y directos, con un ritmo regido por la vivencia y la urgencia de comunicar el instante en que el poeta es iluminado por la belleza de una mujer, o lo sórdido de alguna cantina:

(El COLONIAL)
LUGAR COMÚN

De mujeres triste
Con la luz del espejismo iluminándoles
La probable sonrisa de la dicha
Umbrías soledades entre botanas frías
Hurtándole los gestos al tedio
Rascándose la garganta por dentro

/miras para acá pero no sonríes/

Al contoneo de sus zapatos
Los gestos recuerdan historias contradictorias
Anécdotas contadas por otros para ti
Risas estridentes
Tintineo de vasos
Estos son los sonidos menos falsos de la tarde
Aquí es un lugar de desencuentros
Donde las sombras proponen
Citas a las que nunca llegará la desdicha
Dejando intocado el cuerpo.


(del libro San Pancho Bar)

“Estos son los sonidos menos falsos de la tarde”…aquí el poeta parece reivindicar todo el mundo bohemio, todo ese mundo al que es arrojado el poeta y en el cual se ve inmerso en compañía de la mesera aburrida, el tintineo de los vasos, los pocos asistentes en esas horas muertas- ¡ni siquiera las álgidas de la vida nocturna!- y la terrible soledad del que espera todo y nada sucede.
Es en estos lugares donde se da cita el poeta, donde la servilleta y la pluma registran con la mayor precisión posible lo que se piensa, lo que pasa por nuestros ojos y deseos. Es así como Terán nos regala un poco de sus visiones en algunos poemas escritos en servilletas de bares y cantinas:


“Es evidente que el silencio
Desvanece el ansia de volar
El vuelo en cierto aire
Es sólo la ilusión
De un ave rapaz.”


O este otro poema:

“El poema aplazado
Por la urgente necesidad de
Caminar
Salir huyendo sin pagar la
Cuenta”


(del libro San Pancho Bar)

III

A lo largo de sus libros, el poeta va construyendo su lenguaje, su voz; que no es otra sino la voz del testigo, del que vislumbra más allá de la niebla cotidiana lo que en verdad es, lo que existe y desasosiega el alma. Va cifrando, además, con epígrafes o poemas citados su genealogía poética, sus maestros; encontramos entonces nombres como el de José Emilio Pacheco, Manuel Maples Arce, Max Rojas, Abigael Bohórquez, Vladimir Holand, José Francisco Zapata, entre otros. Lo mismo hay una alusión a un poeta, o un salmo de la Biblia cristiana, como a una canción escrita por Tito Curet Alonso en voz de Héctor Lavóe; es así como se funde en la poesía de Arturo Terán la tradición de la lírica vernácula con el oficio del vate:

“…Me buscas en la Libertad
La cantina de enfrente
Y me entregas los cristales astillados
Que aprietas en la mano
Con el peso exacto de frío
A pesar de tu boca llena de carmín
Adivino la contundencia de tus dientes
La urgencia que tienes por la penumbra
Mientras te rascas una pierna
Es el síntoma en la comisura de tus labios.

En ese momento la música inicia en otro lugar:
Música de caderas y vendaval
Especial para auténticos perdedores
Que sólo atinan a vivir el instante
Cuando saben que su fin se acerca…”


( fragmento del poema San Pancho Bar, del libro del mismo título)



IV

Queden pues aquí, estas palabras como homenaje a la tarde maravillosa que nos brindó el poeta el 19 de agosto pasado, cuando compartió con nosotros en estas Charlas con la Poesía, un poco de su vivencia en este oficio peligrosamente hermoso de la poesía. No hará falta decir que después de la plática, la juerga se prolongó a una escondida y tranquila cantina, donde la noche detuvo un poco el tiempo y nos dejó beber alegres, pensativos, impactados por la locura y la belleza de este siglo.
He aquí, a manera de epílogo, un fragmento escrito por el maestro Max Rojas a propósito de la poesía de Terán:



“Señor de antros, el autor a vivido intensamente en éste y otros territorios donde una luz oscura resplandece. Memoria y experiencia se dan mano y quien conozca esta moradas, en donde el diablo realiza sus bondades, leyéndolo podrá revivirlas; los que no, acaso quedarán tentados de hacerle una visita para salir de ahí- como el poeta- con cierto olor de azufre y chamusquilla de la buena.
Por lo pronto, ¡salud!, y que nos sirvan las siguientes.”


( fragmento de la cuarta de forros del libro San Pancho Bar)

GUSTAVO ALATORRE

jueves, 8 de octubre de 2009

Convocatoria
La Delegación Iztacalco, a través de la Subdirección de Cultura convoca a todos los poetas y narradores que vivan, trabajen o estudien dentro de la Delegación, a que participen en el Festival Literario: 4° ENCUENTRO DE POETAS Y NARRADORES EN IZTACALCO “MAX ROJAS”, que se llevará a cabo los días 30 de octubre, 6 y 13 de noviembre dentro de las instalaciones y casas de cultura de la instancia convocante.

BASES:
1 Podrán participar todos los poetas y narradores que vivan, estudien o trabajen dentro de los perímetros de la delegación.
2 Los participantes deberán enviar una muestra de su trabajo (tres o cuatro poemas, en el caso de los poetas; y un cuento o relato en el caso de los narradores). Además de sus datos personales: nombre, dirección, tel. y breve ficha curricular. Todo esto a la siguiente dirección electrónica: polemios23@yahoo.com.mx, indicando el propósito.
3 Los participantes interesados se comprometerán a asistir el día que les sea asignado. No habrá cambios de fechas.
4 Todos los participantes serán avisados oportunamente y se les proporcionará la fecha, la hora y el lugar donde leerán su trabajo.
5 A todos los participantes se les entregará un reconocimiento oficial.
6 La convocatoria quedará abierta desde su publicación hasta el día 17 de octubre de 2009.
7 Cualquier circunstancia no prevista, será resuelta por el comité organizador.


MÉXICO D.F. A 8 DE OCTUBRE DE 2009

viernes, 2 de octubre de 2009


Primero es el relámpago, de eso no hay duda, como diría Rojas, el de Lebú. Y aunque en mi caso particular fue una mañana después de haber vagado en el remolino del mundo - y del alcohol-, aquella luz llegó junto con el primer día del siglo y no se ha ido.
Desde entonces la poesía se ha convertido en una brújula, que a veces me pierde con el Sur, pero que en la mayor parte del tiempo ha sido la partitura idónea para descifrar la música del tiempo; tal vez como sonata funesta o bellísima tormenta, pero inquieta siempre.
Encadenado al cielo, quizá… pero más del aire y del cuerpo del aire, de ese desnudo mármol que se asemeja tanto a un ángel y que resulta siempre la mujer, alumbrándose entre las calles libertinas o en los papiros del viento, convidando su música, su tablatura celeste.
Charlas con la Poesía surge por el gusto de compartir la quimera, por convidar la experiencia de viajar dulcemente solos por los años, y de encontrar en frente un paso, que nos alienta, y de tras nuestro uno más que nos perfuma la vista en esta rueda de locos, de humanos…o peligrosos románticos.
GUSTAVO ALATORRE

Raciel Quirino (1985, Distrito Federal).

Estudiante de 5º semestre de la carrera Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). He asistido a talleres con Sandro Cohen, Ricardo Yáñez y Mario Bojórquez. He publicado en la revista La cabeza del moro del Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde”, en la revista Casa del tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y en la revista Opción del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Mi primer libro, Western, está proceso de publicación.

WESTERN


I

El día miércoles 5 de agosto contamos con la presencia del poeta Raciel Quirino, quien fue el tercer invitado al ciclo Charlas con la poesía. Días antes de la plática, había recibido por correo su libro de poemas y, salvo esto, y algunos comentarios por parte del poeta Becerra, poco sabía de él en cuanto al oficio se refiere.
La sorpresa fue agradable, su libro acompañó mis horas “muertas” en la tediosa tarea laboral que, de no ser por los instantes de la valiosa literatura, ya hubiera mandado al carajo. Me encontré de pronto frente a un libro que además de salirse de las temáticas habituales que suelen tocar los poetas en sus primeras obras, contaba ya con poemas sólidos e interesantes.

II

El poemario parece empezar con un crimen, dos sujetos liándose en la muerte; quizá como una alegoría general de la vida misma y todo lo que esto implica: el asesino y su contraparte necesaria, el que muere, no harán más que ejemplificar toda relación humana que tenga como sustancias medulares la pasión y el instinto de supervivencia.
La eterna guerra- y sus momentos de ausencia: la paz-, en la que habrá de existir y amar el hombre; en la que, como bien lo planteó Dostoievski, se mostrará sin máscara la verdadera esencia del ser, su verdadero rostro.
El libro así - el lector, el poeta- inicia el camino de huida, justo en las primeras horas del alba, donde todo crimen parece ser auspiciado por la ebriedad del ángel o el descuido de Dios, pero: ¿Quién huye de la escena, quién carga consigo la herida, el crimen, el recuerdo…? ¿el asesino o la víctima?

A LOMO

Este es tu muslo.
Este es tu pan de cada noche y tus caderas.
Aquí tu pie, tus ojos.

Si junto todo esto,
no es más que un aleteo pequeño.

Tanto me pesas y te llevo
aupada, sin embargo.
(Del apartado: Madrugada y Fuga)

III

De pronto, el crimen es el recuerdo del ser amado, todo recuerdo en esta instancia estará provisto del flagelo y el veneno. En el terreno del amor poco importa quién ha vencido, los amantes se vuelven- sin darse cuenta, quizá- los asesinos o las víctimas, pero no complementos.
La guerra entonces, es el acto amoroso, y en Western, el recuerdo que persigue al asesino y que lo alumbra en el camino de la fuga, como una música constantemente repetida en la cabeza.

NO FUE A MANSALVA

Ni desnudez de flor, ni labios rojos,
era un diluvio aquello en tus caderas,
un coletazo de hambre, borracheras
de muslos y saliva. Y yo de hinojos

fuera de mí, trabado en tus arrojos,
dejándome caer en tus fronteras,
sintiendo labios, hondas tembladeras,
precipitada sal entre sonrojos.

Ni primaveras blancas ni listones,
era un quejido en alto, un sol que clama
bajo vaivenes, acabar rendido,

como un alzarse herido por arpones,
un culebreo de luz que se encarama
sobre un cuerpo que triunfa desvalido.


(Del apartado: Madrugada y Fuga)


Como todo fin, es el incendio lo que consume todo, es el recuerdo en la hoguera, la quemazón en el alma lo que le queda al artista de todos los instantes vividos en el acto amoroso; es la memoria en llamas lo que le sirve al poeta.

ABLUCIÓN
Mi fe es mirarte un día
en medio de una hoguera enorme.

Piedra a piedra prenderle fuego a todo:

veranos, cuchillos, cabalgatas,
ojos de mujer que sueña,
corrientes suaves,
ciervos
habitarán los bosques.
(Del apartado: Madrugada y Fuga)



III
Quizá el libro encuentra coincidencias, muchas a mi parecer, con la literatura de viaje. Hay en él una introspección que se va efectuando con forme uno avanza en la lectura, hay un partida y un destino, un inicio y una llegada, no a la manera órfica- descenso y ascenso- pero sí a la manera del viajante-poeta beat; tal vez por ello toda la ambientación del poemario, repetidas veces, regrese a los caminos áridos del viejo oeste, del Western cinematográfico.


CABALGATA

El llano es inminencia de la flor,
lo venidero
en seca lejanía,
la soledad que colma,
que vacía de igual manera
al santo que al traidor.
Es disolverse en hilos
de sudor, exhausto, sin caminos
y sin guía,
arribar a la noche
—hoguera fría—,
decadente, colmado de temor.
Al fin conocimiento, al fin
ya nada que oculte la unidad,
su luz más pura,
completa desnudez,
alta espesura
en polvareda y roca levantada:


después de tanto andar,
flor y morada
dentro del pecho
extiende la llanura.

(Del apartado: Polvo de nadie)


Y es aquí, precisamente, donde se trunca el viaje, donde el desierto no es sino un arder a solas, una mirada así mismo, un instante peligroso donde el abismo y la videncia se dan cita; – ahora mismo recuerdo estos versos, que seguro resultarán más eficaces a lo que pretendo decir, del poeta Álvaro de Campos en mano de Fernando Pessoa: “Grandes son los desiertos y las almas desiertas y grandes-/ Desiertas porque no pasan por ellas sino ellas mismas/ Grandes porque desde allí se ve todo, y todo murió”-.

Toda cabalgata introspectiva, o metafísica, terminará, o topará muy pronto, con los barrancos. Que llegan a ser, si son bien aprovechados, los momentos de más lucidez en los que se puede encontrar el alma, curiosamente expresados en los actos cotidianos y comunes… están ahí, a la espera del alma “cautiva”.


GAMBUSINO DIARIO
Tú que sabes del aire que duele por perdido, de aquel volverse sordo que anubla temporadas, que entiendes de las lluvias por siempre inacabadas, suspensas, largas cintas del cielo hasta el olvido, que de la noche en blanco su pulso has comprendido, porque se extiende lejos, a tantas madrugadas, bajo tantos silencios y frases socavadas. Tú que vagas muy dentro, muy fuera del latido, pues te destemplas niño por un abrazo fuerte, qué anhelo de quererte se colma en tus zapatos, en tu bostezo diario, puntual y reverendo, qué desnudez se enfila con rumbo hacia tu muerte, qué de carcoma teje su historia en tus retratos, ¡qué humano, en fin, qué humano en ti se va creciendo!
(Del apartado: Barrancos)


No pasará inadvertida para el oído atento, la estructura con la cual ha sido escrito este poema en prosa, el verso alejandrino retumba y nos conduce por el alma de este gambusino agraciado con el don de la videncia; una variante del soneto, muy usado por los modernistas. Y no sólo en este texto el poeta nos demuestra su educada versificación, hay a lo largo del libro, variantes de silvas, combinaciones de versos endecasílabos, sonetos, etc. Lo cual hace inevitable la reflexión sobre el oficio, sobre el poeta


CANTO
Queremos ser poetas
y no medimos bien las crines del caballo
al borde del silencio, su latido.
Con la mayúscula inicial del hambre
sonando en nuestra boca emprendemos carrera
entre versos inciertos.
Y uno quiere cantar
el árbol que no ha visto y todas nuestras lágrimas,
y eso es perderle el paso a la saliva
y tropezarse en una lengua dócil,
porque así nadie eleva su espina medular
y no hay idioma justo.


(Del apartado: Barrancos)


Del penúltimo apartado es el crimen, volver al crimen. Nos devela, como una buena película del Western, quién ha sido todo el tiempo el poeta, quién ha cargado en nuestros ojos la pólvora y ha disparado a quema ropa. Es el mismo, quien se queja de la atascada Remington, quien nos ha llevado a la emboscada del verso último, de la traición y la venganza. Es el mismo que nos ha disparado y al que creímos herir…


MUESCA
Inmóvil, desangrado, mira
el vencido a quien su arma
no acertó llagar de muerte.

Piafa la mula.
El de la buena estrella
birla fuste, cantimplora, estribos.

Se inscribe en la culata:

Hombre de atascada Remington

(Del apartado: Alto calibre)


IV

Eh aquí la llegada, el final…el viaje Hacia el Oeste.
La ebriedad con la noche ha tejido su trama. En el bar, los invitados comentan la reciente sesión, saludan al poeta y brindamos todos. Apresuramos los tragos como se viene la noche y todos parecen tener buen ánimo. Todavía le sobran horas a este día, y el poeta lo sabe: aún nos quedan dos balas en la colt single…

GUSTAVO ALATORRE

jueves, 10 de septiembre de 2009


Manuel Becerra Salazar, Ciudad de México 1983. Ha publicado para varias revistas de México y del extranjero. Ganó el Primer lugar en el concurso de Décimas literarias( 1999 y 2007)organizado por la Secretaría de Cultura. En 2006 obtiene dos veces consecutivas la beca Artes por Todas Partes por sus proyectos Los Alumbrados y Sinfonía de Cabaret (música y poesía. Es autor de Cantata Castrati ( Editorial Colibrí 2004) y reeditado en 2006 en la colección As de oros. en 2008 obtiene el Premio Nacional de Poesía Enrique González Rojo Arthur por su poemario Los alumbrados. Este año fue becado por la Fundación para las Letras Mexicanas A.C. para el ciclo 2009-2010.
grafología de un corazón terráqueo
Qué mundo hostil,
sufrir fue permitido…

A. Calamaro


Si ya el vivir el mundo a tope, más allá de lo ordinario, se antoja terrible y suicida, alumbrarlo y ser parte de él, es tarea de pocos. Nos enfrentamos a la escritura forjada a base de la vivencia pura y al oficio cuidadoso, aquella que no regala un verso nada más por ensanchar el ego o dar consuelo a pequeñísimas penas, sino al verso de la caligrafía asesina, que deslumbra o encanta a la manera del tango.

El libro los alumbrados es un espejo donde, si somos atentos, podemos descubrir la verdadera fuerza que incendia y salva el alma del autor y sus lectores. Quién si no aquél, que ha regresado borracho y ardiendo por el calor de una dama - a blancas horas del día o de una noche fatal- puede atestiguar que el regreso es lo que más pesa en el alma; y más allá, quién si no aquél que ha hecho de esto una práctica mortal e incesante:

“…Buen sitio
para ver tus estrellas ahora puestas
en las sienes de estas niñas,
su polvo de plata ascendiendo, como el Pacífico,
en este antro amueblado por jaulas suspendidas
y ojos vítreos colgando a la primera oportunidad
de las luces”

Inicialmente Cabaret los Alumbrados o, Los Alumbrados, como ahora lo conocemos, no sólo retrata el mundo bajo del arrabal y la carne, también la ternura que se oculta y deslumbra al autor bajo los ojos óvalos de la niña Grecia, la niña Mariana cuyo nombre heredó del abuelo difunto, y que ve saltar al tigre entre los versos del padre. Hay también la música, recurrente como la forma del arco de la viola, para blandir la belleza, tajarla y someterla para un concierto lunfardo:


“ Traza el felino círculos de pánico en un solo sitio,
para después mirar, inmóvil, siendo esfinge
las gradas insaboras y pensar en carnadas fáciles.
saco al tigre del poema, entonces,
para mantener la calma entre la gente,
y Mariana, cruzada de brazos, me dice:
ahora todo riesgo ha desaparecido
¿para qué sirve así un poema?”



El libro pareciera dispararse en distintos poemas, pero encuentra su principal eje en el asombro de la rosa. El símbolo de antaño utilizado para representar lo mortalmente bello. Es ahí donde ancla sus bases el alumbrado para cantar la dicotomía antigua. Es ahí donde se ve convidado al festín de lo terreno, a la presencia de la muerte que deambula vestida con el cuello en jazmines, por hospitales que ya nunca olvidarán su rostro:
“Y vuelves, muerte,
te han quitado la gracia y aún rondas por aquí.
No has venido a llevarte a nadie,
has venido a que te escriba
( a ensuciar el sueño de mi enfermo)”

Es la plegaria en el libro, acaso, una forma componer lo hecho, de construir con la memoria del verso, lo que hemos ido tirando con borracheras y musas y tangos. Es la rosa lo que el poeta ofrece a los dioses a cambio por el fuego, ese fuego robado una vez por prometeica mano y casi vuelto a robar por el infante Rimbaud. Ese don de encontrar entre la mala esencia del viento, el instantáneo prisma de la belleza terrena.

“Mira con el tacto la mala esencia del viento
atormentando a la alondra.
Observa a la alondra enferma, ahora,
lucir para nadie sus mejores despliegues.”


No me queda sino festejar la aparición de este libro, y ver con agrado la publicación de poemas cuyo nacimiento atestigüé en compañía del autor, caminando o bebiendo la noche, oyendo fragmentos difusos de caligrafía etílica, mirando al autor hablarme de Cuba, de la Habana, Japón, o de una mujer que se ha llevado consigo un corazón terráqueo.


Gustavo Alatorre

jueves, 3 de septiembre de 2009


el poeta Manuel Becerra Salazar,
antes de la charla...


CRÓNICA 2
22/7/09


El poeta Manuel Becerra Salazar fue el segundo invitado al ciclo Charlas con la poesía, celebrado en la Delegación Iztacalco. Bajo otra bellísima tarde como marco para la poesía, el café y el vino tinto armonizaron la plática con el vate, quien no perdió tiempo para arremeter con su palabra:

“El origen del título- Cantata Castrati ( Editoria Colibrí, 2004)- , fue inspirado en parte, por la poeta italiana Alda Merini, hospitalizada en un psiquiátrico, y en cuyos poemas la intuición cobra un papel importante…”
Comentó como bienvenida al público asistente e iniciando de igual manera las rondas de copas de vino que, junto con Alatorre, parecía tener prisa por acabar. Aún era muy pronto para la ebriedad pero el calor que suelen brindar los primeros tragos hizo efecto entre los poetas y su plática:

“los poemas de este primer libro, fueron iniciados a la edad de 15 años y finalizados, tal vez, a los 19 (…) Es poesía escrita – los primeros textos- sin conocer que era poesía, pues imitaba las canciones, estrofas, que en aquel tiempo escuchaba…”

Éste libro consta de varias etapas, según el autor, algunas marcadas por la necesidad de expresarse, la adolescencia, y otras más donde surge una profunda preocupación por la forma en la poesía y la responsabilidad que esto implica.

A propósito de este poemario, el poeta añadió que la primera edición contó sólo con un tiraje de 100 ejemplares, los cuales “se agotaron en la presentación de la Casa del Poeta en el Distrito Federal…”, más tarde fue incluido en la colección As de oros, de la Editorial Colibrí con un tiraje mayor.

Con la botella a medio llenar, y con la charla apenas empezando, Becerra dio su opinión sobre la poesía y su público, sobre la relación que existe entre el poeta y los escuchas:

"La poesía cobra su lugar aunque sólo haya un fotógrafo y un periodista…"

Arremete nuevamente para dar pie a la lectura de algunos poemas suyos, los cuales generaron simpatía entre los escuchas. Las paredes de la estancia repetían como cantos de sirenas los versos del vate, como una música que pretendiera embrujar a los oyentes…

Esta mujer, que no conozco, es mía.

Viene conmigo desde el bar Portales,

Tiene el cuerpo de Venus y los ojos

De una luz ebria que me deja ciego.

Un Metro lleno de fantasmas lleva

Nuestros cuerpos ceñidos y sedientos.


Buscamos una habitación, Señor,

Ladramos a las puertas de tu edén.

Buscamos una habitación, Señor,

Unas sábanas húmedas de frío

Donde poder quemar el alma en vela.

No volveremos a saber de nadie.

Mañana cada quien se irá aún ardiendo

Entre estas calles frías de noviembre

(Venus Ebria…de Cantata Castrati)

Llegó el turno de hablar un poco sobre su segundo libro, y Becerra pareció celebrar el momento y la oportunidad. Los Alumbrados – Premio Nacional de Poesía Enrique González Rojo Arthur, 2008- está a groso modo construido “por temáticas bien definidas”, comentó el autor, y por experiencias fuertes que afectaron su visión y su vida: “la muerte y agonía de mi padre, y el nacimiento de mi hija Grecia”.

Los poemas no se hicieron esperar, y el público fue acogiendo cada verso con suma atención y silencio, tal como se escucha alguna obra cuya profundidad está apelando a algo que nos arropa y conmueve; y que de igual forma nos violenta…


“Cuando entré a la habitación de Eurídice también entró una serpiente. Me arrastré con movimientos mudos por sus noches de matrimonio, me interné hasta su boca rampante, llegué por el río desvelado de la alfombra hasta ella. Lentísimo la saqué del mar de sus sueños y así me la llevé: húmeda, igualada al violín, a un accidente ingrávido en el aire, con la mesura de la clepsidra. Rompí el cristal de sus ojos con grietas sordas y me arrojé a ellos con la agresiva parsimonia del basilisco. Me destruí en sus caderas con esa enfermedad tan parecida al tango, con el serpeo del rayo en el tiempo de los remolinos, apagado como un fantasma entrando y saliendo por los sueños de su esposo, sin moverlo, entrando y saliendo con el dolor en voz baja, jadeando con una corona de fuego abrazada a la cintura de Eurídice, en silencio; entrando y saliendo, casi virtuoso, como un asesino.”

(del libro Los Alumbrados)

Los versos siguieron cayendo junto con la tarde y pronto la noche comenzó a amenazar con sus ebriedades y sus discretas invitaciones a los placeres, que bien aguarda y que sólo convida a los poetas y bohemios.
La botella miró su entraña vacía, y en compañía de nombres como Buadelaire, Celán, Orfeo, Eurídice, Rubén Bonifaz Nuño, Eduardo Lizalde, Efraín Huerta y más, los poetas cerraban el día y su plática. No sin antes expresar el deseo de seguir la juerga en alguna cantina de esta ciudad bellísima y aterradora…

Yuquiabe Romero


El poeta Manuel Becerra en la segunda sesión de Charlas con la poesía.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Andrés Cisneros de la Cruz nace en la Ciudad de México en el año de 1979. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana. Obtuvo el 2do. lugar en el Certamen Internacional Relámpago de Poesía Bernardo Ruiz en el año 2008. Cuenta con mención honorífica en el Concurso Nacional de Poesía El Laberinto en el 2004, y en el Concurso Nacional de Poesía Jaime Sabines en 1999. Es incluido en las antologías 24 años, 24 poetas, del Chopo, así como en el Encuentro de Escritores del Oriente del Valle de México, Descifrar el laberinto en el 2005, La Mujer Rota en el 2008, Del silencio hacia la luz, en la antología del II Recital Chilango Andaluz en el 2008 y en el Anuario de Poesía de Fondo de Cultura Económica en el 2007. Sus Obras publicadas son Vitrina de últimas cenas (2007) y No hay letras para escribir tu epitafio (2009). Actualmente es editor de la revista de poesía Versodestierro y consejero editorial de Metáfora, hoja de poesía.


Andrés Cisneros de la Cruz, primer invitado al ciclo Charlas con la poesía.
LA PALABRA COMO EL INICIO DE LA EXISTENCIA
Una mirada a la poesía de Andrés Cisneros de la Cruz


Se inauguró el ciclo Charlas con la Poesía, y el primer invitado fue el poeta Andrés Cisneros de la Cruz, quien nos habló de su labor en este oficio y de su trabajo como editor. Nos compartió gran parte de su obra poética, principalmente de su segundo poemario No hay letras para escribir tu epitafio. Desde el primer momento, llama poderosamente la atención el por qué del título; las primeras preguntas que me vienen a la mente son ¿por qué no hay letras? ¿ya no bastan? ¿ya no nombran? Es difícil responder a estas preguntas, en primeras instancias porque el tema es ambiguo, sin embargo, creo que será interesante ver qué respuestas surgen al leer este poemario.
Habrá que hablar entonces del papel que toma la poesía en el poemario, ¿cuál es el poder de esta palabra? ¿Acaso será el poder del que condena? El libro comienza con un epígrafe de Shakespeare: El odio es tomarse un frasquito de veneno y esperar que el otro muera…, ante esto, Cisneros de la Cruz pone en la siguiente página de su libro: Deposito aquí este veneno. El veneno, claro está, es la poesía. De ahí venía mi pregunta acerca de si el poder de la palabra en este poemario es a primeras instancias del que condena. En el poemario no hay nada más que muerte, y entre estas muertes a veces también se encuentra la de la poesía, la belleza, el arte, que son destruidos por el hombre (más tarde ahondaré en esta idea).
¿La anterior alusión a una condena nos quitaría entonces toda esperanza? Yo creo que no. No se debe negar que al ver cómo es tratada la condición humana en el libro uno se desalentaría, pero el pensamiento no se debe parar ahí, que es algo que mencionaba en la charla Cisneros de la Cruz, sino que debe seguir y reflexionar hasta sus últimas consecuencias. Y aunque en el poemario la realidad diaria es tratada con dureza, tal vez es porque uno no debe construir castillos sobre las nubes y de ahí partir para la reflexión, sino al contrario: a partir de la realidad misma se debe pensar qué es lo que está pasando y como intentar escapar un poco a esa condición humana (por más ilógico que parezca), a ese vacío y al poder: al falo que todos llevamos dentro.
Otro poder de la palabra es el de la invocación, la cual se presenta en modo de plegaria y denota un acto ritual, como en el caso de Ofrendas para un espectro, donde dicho ofrecimiento es a través de la sangre y se hace presente a través de una plegaria:

“Hazme noche, madre
asfixia en la boca hazme orgasmo
coágulo que cae entre las piernas
para entintar la primera ofrenda.”

Sin embargo, este poder se pierde en el momento de lo incorpóreo, en el momento en que se deambula entre los signos, en el momento que se hace el silencio, que es sinónimo de eternidad. Tendríamos entonces una división casi contradictoria: la palabra y el silencio, y digo casi porque demuestra que a veces el lenguaje, que los vivos utilizamos para nuestras plegarias, para nuestras poesías, para comunicarnos con los demás humanos (vivos) y aparentemente con un Dios, ya no es suficiente en aquel mundo de los muertos, donde ya se ha pasado a otro plano: “Del pájaro cae el cuerpo en las manos, vuela / a otro espacio”. Es decir, es un mundo lleno de signos, de silencio, donde “el horizonte siempre lejano/ es pensamiento nunca boca”.
Pasemos ahora a la visón que se da en el poemario de la condición humana. El primer poema, Poema de la oscura parábola, tiene un epígrafe acertado para lo que se quiere decir de esta condición: “-¿Qué somos? / -Microorganismos que devoran microorganismos”. Generalmente, cuando damos un vistazo a la cadena alimenticia lo que notamos es que los animales grandes se comen a los pequeños. El hombre ni siquiera es de los seres más grandes pero, dotado de inteligencia, se ha ayudado de otros elementos para romper esta cadena y erigirse como el rey de la selva. Así pues, el hombre ha llegado a dominar el mundo animal; lo que siguió a eso fue el dominio del hombre por el hombre y este reto al parecer no es algo que el hombre decida, sino que está condicionado para ello:

“[…]y sus ancestros
simios que destrozaron sin inocencia
el cráneo de los niños peludos: sus hijos
-que de haber permanecido vivos
hubieran organizado un banquete con el tuétano de sus huesos.”

De tal modo, que si el hombre se destruye a sí mismo desde sus inicios, no es raro pensar que peor suerte tiene el arte (la poesía): “Y aunque sea una semilla de flor, la pisa y le prende fuego/ hace que desaparezca/ Y se esfume […]”.
Ahora bien, hablando un poco más de la destrucción del hombre por el hombre, no debemos olvidar que el motivo principal es el poder (no sólo poder político o monetario, sino poder, poder de todo). Entonces el poder será un eje temático a lo largo del poemario: el hombre que está atado, que ha perdido su individualidad, que no tiene rostro, porque ha sido absorbido por un poder mayor, por el sistema. “El falo que todos llevamos dentro” es una clara expresión de estos pensamientos.
Todo el libro pareciera hundir sus bases en el pensamiento existencialista, incluso algunos epígrafes son de filósofos pertenecientes a esta corriente. Bien, el poema principal, que da título al libro, tiene como objeto principal una imposibilidad: la de encontrar letras para nombrar. En todo el poemario, debemos darnos cuenta que el estar no es sinónimo de existir, pues los hombres permanecen en el silencio, donde se detiene el tiempo, donde todo está inmóvil y donde se está muerto. Aquí podría parecer la total desesperanza. Y vuelvo al punto donde contraponía la palabra con el silencio. Justo cuando todo se calla, cuando sólo se encuentra la nada, regresa el poder invocador de la palabra: creando cosas, haciéndolas existir: “Ninguna cosa es cuando falta la palabra”, dice Heidegger. Y en esta idea parecen coincidir todas las culturas: la palabra como el inicio de la existencia. El hecho de que no haya letras para escribir el epitafio, el hecho de esa imposibilidad, tal vez sea esta negación a la existencia: si cuando se nombra se es, entonces el hecho de no nombrarlo es convertirlo en nada.

“Habré olvidado qué es dios
Para en su lugar haber aprendido a decir
qué es mito [… ]”

Mariana Brito


Andrés Cisneros en la lectura de su poesía.