martes, 10 de noviembre de 2009



ADRIANA TAFOYA, VINO TINTO Y MATAMOSCAS
Muy cerca de entrar la noche, el miércoles 18 de septiembre contamos con la presencia de la poeta Adriana Tafoya, quien se incorporó a la lista de invitados de las sesiones de Charlas con la Poesía.
Otro encuentro con vino tinto, cigarrillos y libros fue el artífice de convidar al público a la reflexión y al goce de los versos escritos por la autora de Animales Seniles, quien no tardó en hacer gala de la buena dicción que tiene para leer sus textos.

Melancólica se mece
de morbo y
menosprecio
en penitencia de un milagro
muscarina lapidada
ni laudo / ni precario martirio
colando el menoscabo
y su lanza
clavando
presurosa por matarse
matarlo


Poesía de tono variado, ágil, reflexivo en algunos momentos y sarcástico en otros; pero sobre todo buena poesía. Quién se acerca a la obra de Tafoya tendrá siempre a la mano la opción del goce o el escrutinio, pero jamás el toque indiferente del que suele contagiarse el lector con ciertas obras.
Con una ya variada trayectoria en las letras (libros, antologías, festivales, premios) Adriana sabe apartar muy bien el oficio poético de su labor como editora, prueba de ello la constante producción en ambas labores.



La noche caminaba con su oleaje de sombras y la poeta construía el ambiente con su certero verso:

Déjenme morir sin dios
No claven pájaros en mi cabeza
Quiero caer,
Llorar gruñendo
Gritar al verme sin piernas ni manos
Que el dolor y el pánico me enciendan la mente
Que mis pájaros sangren
Al estrellarse contra el hocico del miedo
Y sólo quede tizne,
Tiznón del perverso canto que miente y dice
“caerá el sol sobre la tierra
y aún moribundo arrasará los campos”.


Se escucha la voz de la poeta, cuando toma entre sus manos su libro titulado “Sangrías”; y parece que el salón a oscuras y el silencio del público son uno solo con el texto. Sin embargo, no podíamos pasar la oportunidad de escuchar en voz de su autora, ese magnífico poema que un día tuve la oportunidad de leerlo- en alguna cantina del centro histórico- antes de que lo publicara, y cuya primer lectura generó en mí esa sensación agradable de la poesía, del poema “redondo”, por así decirlo; me refiero claro al texto “El matamoscas de Lesbia”:


Regreso agitada y burbujeante
presionando con los dedos
el cuello
del cristal que envuelve al vino

Regreso redonda y satisfecha
frondosa y perfumada
con las carnes tambaleantes
y envinados mis sabrosos frutos

él dijo:
me molesta tu perfil
de gesto seguro y suficiente
sólo eres una mosca gorda
mosca negra peluchuda
e inflamada
de siniestros pelos

Ruedo por la inmensa cama
Me desprendo de una tela
entallada y descosida
le confirmo
que soy negra y sucia
negra de carne dulce
carbón de azúcar
mosca exótica con vientre acústico
forrado de terciopelo
una cajita pequeña de resonancias

Confirmo que soy negra
y deliciosamente gorda
y que en alguna parte olvidé las pantaletas

él dijo:
me enoja cuando bebes
arrogante elevas el meñique de tu mano
eres perra añeja
que provoca
carnívoros deseos
dan ganas de hacerte tierra
y cocer un jarrón de tu barro

Sonrío
me acomodo y le reitero
que soy negra y mala
negra de labios gruesos,
que la forma de la hembra madura
se impone
y concentra la elegancia
de lo abundante,
le da poder al cuerpo

que tengo los pezones zarzamora
que estoy desnuda
y se me dibujan grietas
que adornan mis nalgas
con la textura del satín

él dijo:
me haces falta

Adormilada
abro las piernas
que atesoran mi sexo oscuro
inflamados sus pequeños olanes magenta


en esta flor clava su lengua

no me molesto con él
sé que tiene hambre.


El vino se terminaba y la noche sugería un lugar más propicio para la juerga que, como los mares, parecía crecer conforme la sombra llegaba; así que pusimos pausa a la charla y decidimos prolongarla a otros sitios donde la cerveza fuera nuestro mejor escucha y nuestro más sutil veneno.

Así que nos perdimos, escritores y público, por las entrañas de este pedacito de urbe llamado Iztacalco, y dejamos en paz, un rato, la poesía.

GUSTAVO ALATORRE

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