miércoles, 11 de mayo de 2011

Algo sobre el V encuentro...



Algo sobre el V Encuentro de Poetas y Narradores Max Rojas V Encuentro, Sesión 1: Para encontrarse hay que reconocerse.
Inauguran el encuentro dos mesas y la ausencia del poeta que nombra el encuentro. Cada mesa con 5 ponentes abordo. Los y las poetas ajustan en sus manos los libros publicados, eligen silla en el escenario. Hay tanta tensión escondida que las sonrisas lanzadas en general son correspondidas. Primera llamada. Segunda llamada. Alguien corta plaza con sus poemas y comienza el encuentro. Un poeta antes de subir al escenario me dice –voy a leer los dos poemas que acabo de escribir. En ese momento me doy cuenta que esto está sucediendo en tiempo real. Que la carne viene fresca, recién cortada, aún sangrando y sobre todo sabrosa.
Perspectiva oblicua del acto: el vacío, por llamar a algo de un modo, amortiguado en cada poeta es trastocado por los fatalismos regionales y vivenciales que se repite en cada uno de ellos, mientras la sazón es individual pareciera que el fondo es múltiple pero a fin de cuentas el mismo ¿Por otro lado cómo escaparse de él? Porque también la operación es muy sencilla, para reconocer la poesía del otro basta encontrarle las facciones similares y allí donde los rasgos comunes se espejean parece que ya estamos hablando [escribiendo] de lo mismo. Nuevamente el discurso se amortigua en lo que parece ser uno sólo fragmentado. Hiper-subjetividad: lo anterior es muy bueno, bueno, malo y peor; sin duda que cada quien juzgue, puede serlo todo al mismo tiempo, el problema es que eso nos impediría avanzar. Para avanzar hay que elegir una piedra y limarla desde el ángulo preferido hasta que quede en espejo y nuevamente nos reflejemos en él, la piedra
podría simbolizar el poeta con el que se genera mayor vínculo de acuerdo a su postura, su poesía y su forma. O tomar la misma piedra y lanzársela al poeta que nos estorba pero eso tampoco nos ayuda en nada, además es un acto de mariconería y en este sentido una piedra es una piedra o sea un objeto que se puede lanzar, una herramienta natural de impacto a distancia. El espejo que le extraigamos a la piedra, para ser potable debe reflejar sin distorsiones. También la quietud del veneno líquido ajeno nos refleja. Entonces tenemos el veneno potable, el no-potable y em-putable pero de este último no puedo escribir. Con etil en mis adentros y escuchando poesía que de pronto se encaraba con el silencio pude haber aprehendido algo de entre tanta distorsión. La carne sino venía fresca bien que mal era comestible. Los que no comieron ni fueron invitados al convite perece que bebieron del veneno em-putable.
Ni todos similares, hubo los que huyeron después de leer sus poemas sin escuchar al otro. Es la parte sabrosamente farandulera del encuentro. Nuevamente reunir a cualquier clase de artista o de personas con otros de la misma calaña genera una hoguera de vanidades. Como en el narco, aquí también se pelea por la plaza, a buen tono, el lugar donde se inauguro el V encuentro Max Rojas se llama Centro de Espectáculos Plaza.
Cuando la poesía [y la narrativa que en esta inauguración se ausento] intentan desbordarse de cualquier lugar, pensemos el escrito, para trasgredir su propio límite, termina lanzando su desborde sobre si misma. El texto se anega: el poeta, el poeta oyente y el resto de los mortales quedamos bajo el líquido atrapados en un ahogo colectivo. No sé si sobrevivir a la catástrofe es signo de supervivencia, rotos y quebrados abandonamos el cuerpo íntegro, nunca se regresa completo de la travesía. Mientras el filo de cada verso pueda cercenar la carne, el cuerpo siempre estará en peligro. Aquí se han unido poetas y narradores a esgrimir sus utensilios punzocortantes, a lanzar sus salvajes filosos, en ocasiones muy domesticados, a los oídos de los incautos. Si en William Blake el agua estancada espera veneno, aquí el veneno se derrama en ondas radiales.
Cuando el veneno se repite, el cuerpo transgredido encuentra el antídoto. En las raíces pétreas de la poesía inmóvil se estanca la ponzoña, ergo el veneno bien erosionado de si se vuelve, por decirlo de algún modo, veneno potable, el ahogo colectivo se desvanece de tanta agua.
Cada ocasión en que el hacedor de escritos puede entonarlos desde su ronco pecho hacía el público, se regresa el movimiento ascendente [borrador-escrito-edición-publicación-libro] pero en este sentido regresar no es descender, es más bien una amplitud sonora donde el escrito desaparece. Una hoja en blanco, según Cioran, es un Waterloo en potencia, pero el escritor ya no sólo enfrenta ese vacío, ahora también un vacío auditivo. La poesía en las dos mesas que inauguraron el encuentro salió a flote vía oral, el salvaje filoso de cada poeta requerido fue tajando el espacio, muy desenvainados los unos acometían contra las armas de palo de los otros. Quién conoce sus escritos y sabe dominar su voz se vuelve un seductor de serpientes. Domestica, y domesticar podría ser seducir, al público. Tiende la trampa en que el azorado oyente se precipita.

Omar SM
http://arenaldelineas.blogspot.com

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